«El amor es sufrido, es benigno;
el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso,
no se envanece, no hace nada indebido,
no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor».
1 Corintios 13:4, 5, RV95
MUCHAS PERSONAS TIENEN una sensibilidad aguda y no santificada que las mantiene constantemente alerta en busca de alguna palabra, alguna mirada, o acción que puedan considerar como una falta de respeto y aprecio. Todo esto debe vencerse. Cada uno tiene que proseguir adelante en el temor de Dios, haciendo lo mejor que pueda sin ser perturbado por la alabanza ni ofendido por la censura, sirviendo a Dios fervientemente, y aprendiendo a interpretar en la forma más favorable todo lo que en los demás parezca ofensivo. — Mente, carácter y personalidad, t. 2, cap. 88, pp. 430, 431.
Es de esperar que circulen informes falsos acerca de nosotros, pero si seguimos una conducta recta, si permanecemos indiferentes ante estas cosas, otros también serán indiferentes. Dejemos a Dios el cuidado de nuestra reputación. […] La calumnia, con el tiempo puede desaparecer por nuestra manera de vivir; pero no desaparecerá con palabras de indignación. Sea nuestro gran anhelo comportarnos movidos por el respeto a Dios, demostrando con nuestra conducta que dichos informes son falsos.
Nadie puede perjudicar nuestro carácter tanto como nosotros mismos. Los árboles débiles y las cosas bamboleantes necesitan que se los apuntale constantemente. Cuando nos mostramos tan preocupados por proteger nuestra reputación contra los ataques externos, damos la impresión de que ella no es intachable delante de Dios y que, por lo tanto, hay que protegerla todo el tiempo. — Ibid., cap. 59, pp. 190, 191.
No beneficia a aquellos de quienes Jesús tiene tantas cosas que soportar, en sus defectos y perversidad, estar siempre preocupados de los desaires y las ofensas reales o imaginarios. El corazón que está lleno de ese amor y no piensa el mal, no andará procurando descubrir descortesías y ofensas de las cuales pueda ser objeto. La voluntad de Dios es que su amor cierre los ojos, los oídos y el corazón a todas las provocaciones y sugestiones con las cuales Satanás quiere llenarlos. Hay una noble majestad en el silencio de aquel que es expuesto a las malas conjeturas o al ultraje. Ser el amo del espíritu de uno mismo es ser más fuerte que reyes o conquistadores. — Manuscrito 24, 1887, pp. 24, 25.
#DevocionalVespertino
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

