«Escúchame, Señor, yo te llamo; apiádate de mí, atiéndeme. De ti el corazón me dice: «¡Busca mi rostro!» Y yo, Señor, tu rostro estoy buscando. No me ocultes tu rostro, no rechaces con ira a tu siervo; tú eres mi ayuda: no me dejes, no me abandones, Dios». Salmo 27: 7-9, LPH

TODOS LOS PODERES SATÁNICOS se ponen en acción para retener la atención en las diversiones frívolas, y él consigue su propósito. Está interponiendo sus designios entre Dios y el alma. El inventa diversiones para impedir que los seres humanos pensemos en Dios. El mundo, lleno de espectáculos deportivos y amor a los placeres, está siempre sediento de novedades; pero ¡cuán poco tiempo y atención se dedican al Creador de los cielos y de la tierra! […] Él quiere que estudiemos las obras del Infinito, y aprendamos de ese estudio a amarlo, reverenciarlo y obedecerle. Los cielos y la tierra, con sus tesoros, enseñan las lecciones del amor de Dios, de su protección y poder.
El Creador invita a sus criaturas a apartar su atención de la perplejidad que los asedia, y a admirar las obras de sus manos. Mientras las estudiamos, los ángeles del cielo estarán a nuestro lado para iluminar nuestra mente, y protegerla contra los engaños de Satanás. Mientras miramos todo lo admirable que la mano de Dios ha hecho, nuestro corazón orgulloso e insensato se percatará de nuestra dependencia e inferioridad. ¡Cuán terrible es no reconocer a Dios cuando es el momento de hacerlo! ¡Que triste resulta humillarse cuando es demasiado tarde!— Consejos para los maestros, cap. 64, p. 441.
En la religión de Cristo, hay una influencia regeneradora que transforma todo nuestro ser, elevándonos por encima de todo vicio degradante y destructivo, y elevando los pensamientos y deseos hacia Dios y el cielo. Cuando nos vinculamos al Ser infinito, somos hechos «participantes de la naturaleza divina» (2 Ped. 1:4). Ya no tienen efecto contra nosotros los dardos del maligno; porque nos hallamos revestidos de la panoplia de la justicia de Cristo.— Ibíd., cap. 6, p. 50.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Zabdy Moscoso & Martha Gonzalez
