El problema comenzó en 1517 cuando la Iglesia Católica puso indulgencias a la venta. Estas eran certificados que prometían liberar a la gente del castigo por sus pecados. Si alguien le daba al sacerdote un poco de dinero, este le conseguía un “pase» para librarse del infierno o del purgatorio. El sacerdote que vendía las indulgencias tenía un eslogan: «Tan pronto caiga la moneda a la cajuela, el alma del difunto al cielo vuela».
Luego de leer la Biblia, Martín Lutero se convenció de que la salvación es un regalo de Dios, no algo que uno compra para ayudar al papa a pagar a un pintor famoso para que le pinte una bóveda. Lutero escribió sus objeciones a las indulgencias en 95 declaraciones que clavó en la puerta de una iglesia. La gente leyó las declaraciones y creyó que eran correctas. Pronto, se repartieron copias de las 95 tesis de Lutero por toda Alemania y estas produjeron una reforma religiosa.
Dos años después, en un debate público, Lutero declaró que «un simple laico armado con las Escrituras» era superior al papa y a los concilios sin ellas. Y eso ya fue demasiado para la Iglesia Católica. Amenazaron con excomulgarlo. Lutero no se detuvo. Escribió libros que mostraban la diferencia entre lo que dice la Biblia y lo que la Iglesia Católica le decía a la gente.
En 1521, fue llamado a una asamblea en Worms, Alemania. Lutero llegó preparado para otro debate, pero rápidamente descubrió que era un juicio en el que se le ordenó que se retractara de sus posturas.
Lutero respondió: «A menos que me ilustren y me convenzan con evidencia de las Sagradas Escrituras, o con diferentes sustentos o razonamientos abiertos y claros no puedo retractarme ni lo voy a hacer, porque no es sabio ni seguro actuar en contra de la conciencia». Y luego, agregó: «¡Que Dios me ayude! Amén»
Dios lo ayudó. Pudo escapar a un castillo donde estuvo a salvo de los intentos de la Iglesia Católica por arrestarlo. Con el tiempo, pudo fundar nuevas iglesias que seguían las enseñanzas de la Biblia en cuanto a la salvación. Cada iglesia protestante que ves hoy le debe un poco a este hombre, que dijo: «No puedo retractarme». Kim
«Así llegamos a esta conclusión: que Dios hace justo al hombre por la fé, independientemente del cumplimiento de la ley» (Rom. 3:28, DHH).
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
