«Jerusalén, en tus murallas he puesto centinelas que ni de día ni de noche dejan de decir:»No se queden callados los que invocan al Señor»». Isaías 62: 6, DHH
CUANDO EL NOMBRE DE ALGUIEN queda inscrito en los registros de la iglesia debiera tener una comprensión cabal e inteligente de lo que eso significa. Significa que se ha comprometido solemnemente a servir a Dios. Significa que ha sometido plenamente el yo, a fin de que Cristo pueda reinar en su lugar. Significa que ha abandonado sus ideas y prácticas acariciadas y ha rendido su pensamiento al de Cristo. Significa que tiene el firme propósito de ser uno con Dios, uno con su pueblo; que se ejercitará en la abnegación y el sacrificio para hacer avanzar los intereses de su reino; que se esforzará para vencer todo aquello que obstaculice el crecimiento de la gracia.
El Señor no deja en tinieblas a nadie que tenga oídos para oír y cerebro para comprender. Tengamos todos siempre en vista la gloria de Dios. No nos dejemos entrampar por los engaños del maligno. «Así pues, el que cree estar firme, tenga cuidado de no caer» (1 Cor. 10: 12, DHH). Que las advertencias que Dios ha dado en su Palabra sean proclamadas por los atalayas sobre los muros de Sion y escuchadas por cada alma que está en el servicio del Maestro.
Cada caso será juzgado; cada cual será probado. Pregúntese pues cada uno: « ¿Soy un siervo infiel? Por precepto y por ejemplo, ¿conduzco a otros por senderos equivocados?». Tengamos siempre bien presente que nuestra influencia afecta a los demás para bien o para mal.
Ruego a los miembros de cada iglesia que busquen ahora la mayor bendición que el Cielo puede otorgar, el Espíritu Santo. Si buscan con fe una medida mayor del Espíritu de Dios, estarán constantemente recibiéndola y comunicándola. Diariamente recibirán nueva provisión, su experiencia cotidiana será enriquecida con la abundante corriente del amor. Delante de nosotros se hallan vastos campos de verdad, vastas fuentes de poder Que la oración diaria sea: «Quita de nosotros lo que quieras quitar, pero no nos prives de tu Santo Espíritu». Debemos tener el don del Espíritu Santo.
La verdad de Dios es para nosotros. La religión de Jesucristo nunca desagrada al receptor sino que lo hace puro,de tal manera que pueda ver a Dios. Le da un intenso deseo de ser como Jesús, quien es el único totalmente amable, el «distinguido entre diez mil» (Cant. 5: IO). ¿Por qué no amarlo y prestarle un servicio indiviso?
Como el pueblo de Dios en la antigüedad, nosotros también debiéramos estar preparados para marchar cuando la nube se levante y avance, y detenemos cuando la nube se pose en un cierto lugar. Huyamos del inmovilismo. Siempre adelante.—Manuscrito 56, 9 de mayo de 1902, «Escrito para nuestra admonición»
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Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
