«¡NO LO ENTRISTEZCAN!»

«Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios en quien fueron sellados para el día de la redención».

Efesios 4: 30, RVA15

Cuando dudamos del amor de Dios y desconfiamos de sus promesas, lo deshonramos y contristamos su Santo Espíritu.  ¿Cómo puede mirarnos nuestro Padre celestial cuando desconfiamos de su amor, que le ha inducido a dar a su Hijo unigénito para que tengamos vida? El apóstol dice: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente;junto con él, todas las cosas?» (Rom. 8: 32). Y sin embargo, cuántos están diciendo con sus hechos, si no con sus palabras: «El Señor no dijo esto para mí. Tal vez ame a otros, pero a mí no me quiere».— El camino a Cristo, cap. 13, pp. 176, 177.

La fe acepta lo que Dios dice al pie de la letra, sin pedir comprender el significado de los incidentes penosos que ocurran. Pero son muchos los que tienen poca fe. Las dificultades que encuentran, en vez de hacerlos allegarse a Dios, los separan de él, porque crean agitación y rebelión, ¿Hacen bien de ser así de incrédulos? Jesús es su amigo. Todo el cielo está interesado en su bienestar, y su temor y sus murmuraciones agravian al Espíritu Santo. No es porque veamos o sintamos que Dios nos oye por lo que debemos creer. Hemos de confiar en sus promesas.  Cuando hemos pedido su bendición, debemos creer que la recibiremos, y agradecerle que la tenemos. Luego hemos de atender nuestros deberes, confiando en que la bendición será enviada cuando más la necesitemos.— Obreros evangélicos, pp. 275, 276.

Es un asunto muy grave contristar al Espíritu Santo, y él es contristado cuando el instrumento humano procura trabajar por sí mismo y rehúsa ponerse al servicio del Señor, porque la cruz es demasiado pesada o la abnegación que debe manifestar es demasiado grande. El Espíritu Santo procura morar en cada alma. Si se le da la bienvenida como huésped de honor, quienes lo reciban serán hechos completos en Cristo.— Consejos sobre salud, cap. 12, p. 425.

¿Nos estamos esforzando para estar a la altura de hombres y mujeres en Cristo? ¿Estamos buscando su plenitud, avanzando hacia la meta puesta delante de nosotros: la perfección de su carácter? Cuando los miembros del pueblo de Dios alcancen esta meta, serán sellados en sus frentes. Llenos del Espíritu, serán completos en Cristo, y el ángel anotador declarará: «Consumado es».— Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1117.

 

EL ESPIRITÚ DE  LA GRACIA 

Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García

 

Salir de la versión móvil