«Las que estaban preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta» (Mateo 25: 10).
Un viernes, iba a volar de Sídney, mi ciudad natal, a Hobart, en Tasmania. Siempre voy al aeropuerto en autobús y esta vez mi autobús llevaba retraso. El conductor tenía que llevar primero a un grupo a la terminal de cruceros, cerca del centro de la ciudad, antes de llevar a los pasajeros al aeropuerto. Yo tenía que registrar el equipaje y sabía que el check-in se cerraba a la 1:30 p.m. Las calles alrededor de la terminal de cruceros estaban abarrotadas de tráfico. Nos estábamos quedando sin tiempo para llegar al aeropuerto. Todos estaban estresados, preocupados por perder sus vuelos. Y si no podía hacer mi check-in, mis planes de viaje también podrían arruinarse. No podía hacer nada más que orar.
Finalmente el autobús llegó a la terminal internacional a la 1:15 p.m. Los demas pasajeros descendieron rápidamente. El conductor del autobús se veía un poco aliviado, pero yo continué orando. Todavía tenía que llegar a la terminal de vuelos nacionales, jal otro lado del aeropuerto! Finalmente llegamos a la 1 p.m. Caminé directamente hacia el mostrador de la aerolínea. Varias personas estaban en la fila delante de mí. Cuando por fin entregué mi maleta miré mi reloj. iEra exactamente la 1:30 de la tarde! Entonces elevé una oración silenciosa de gratitud a Dios.
Después de un fin de semana agradable en Hobart, seguido de un día de reuniones de trabajo, un colega y yo abordamos el vuelo de regreso, llegando a la ciudad de Sídney justo después de las 10:00 p.m. Nos alegramos porque el vuelo pudo salir a tiempo, pues un retraso podría significar problemas con el toque de queda del aeropuerto de Sídney de las 11 p.m. Unos meses antes, en un vuelo atrasado, mi colega casi había llegado a Sídney, cuando el avión tuvo que volver a Brisbane para evitar una multa sustancial por incumplir el toque de queda.
La lección aquí es pertinente: estamos a punto de tomar el vuelo más importante de nuestras vidas hacia nuestro hogar celestial. El «check-in» cierra pronto. La hora del «toque de queda» está cerca. No podemos llegar tarde ni dejar que un embotellamiento debilite nuestra esperanza y confianza en él. Vamos a ser fieles en la oración, porque «el que da testimonio de estas cosas dice: «Ciertamente vengo en breve». iAmén!» (Apoc. 22: 20).
Jennifer M. Baldwin
#NoLleguesTarde
#MatinalDeDamas
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2017
“VIVIR SU AMOR”
Por: Ardis Stenbakken.
