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Devocion Familiar 2018

No hay disculpa para el pecado 

 

 

«Cuando lo vio [Acab a Elías], le dijo: «¿Eres tú el que perturbas a Israel?» Él respondió: «Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, al abandonar los mandamientos de Jehová y seguir a los baales«». 1 Reyes 18: 17, 18

EL REY ACAB estaba perturbado. Pasaba las noches sin dormir. No tenía paz en el corazón, y cuando tuvo la oportunidad de encontrarse con el profeta Elías lo acusó: «¿Eres tú el que perturbas a Israel?» La respuesta de Elías fue que él no tenía nada que ver con los problemas de insomnio del rey. Acab estaba recogiendo los frutos de una conciencia culpable, pero no creía que la culpa la tuviese él; creía que Elías era el responsable de todos sus problemas.

Este incidente nos muestra una manera muy común como las personas manejan el problema de la culpa. Muchas veces podemos subestimarla, convenciéndonos de que, en realidad, no somos tan culpables. Algunos llaman a eso «racionalizar». La racionalización sucede por lo menos de tres maneras diferentes:

1 ) «Esto, comparado con lo que los demás hacen, no es nada», o «Comparado con fulano, yo soy un santo».

2) «Mis acciones no están equivocadas, lo que sucede es que las normas son muy anticuadas».

3) «La culpa no es mía».

A lo largo de la historia humana, el hombre ha tratado de enfrentar el problema de la culpa usando artificios. Después que nuestros primeros padres pecaron en el Edén, Adán culpó a la mujer y Eva culpó a la serpiente; nadie quiso asumir la culpa.

Es muy doloroso aceptar que somos culpables, tan doloroso que hacemos todo lo posible y lo imposible para evitar la confrontación con nuestro error. Adán y Eva no pudieron culpar a ningún otro ser humano, no tuvieron infancia para culpar a sus padres ni dificultades financieras para culpar a la falta de dinero o al desempleo. Entonces, culparon a la serpiente, e indirectamente a Dios.

Hoy hay gente que condesciende con perversiones sexuales y culpa a Dios por haber «nacido así». 

Es verdad que la manera como fuimos educados, o alguna circunstancia desfavorable, puede propiciar «tendencias», pero el acto pecaminoso es, necesariamente, un acto volitivo. Pecamos porque queremos. Nadie puede obligamos a hacerlo si no queremos. El diablo puede presentar la tentación que quiera. puede apelar a nuestro pasado, a nuestro presente y a nuestro futuro. Puede usar todas las artimañas que desee, pero Io único que no puede hacer es obligamos a pecar.

Cuando llegamos a entender el amor del padre y sus deseos de aceptamos y perdonamos, cuando nos sentimos amados como somos, entonces brotará de manera natural de nuestros labios la confesión, que es el fruto de algo maravilloso que Jesús ya hizo en nuestro corazón.

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Matinal Para Toda La Familia 2018.
“A Solas Con Jesus”
Por Alejandro Bullón

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