«Luego Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame»». Mateo 16: 24, DHH
NEGARSE A UNO MISMO conlleva mucho sacrificio; significa someter nuestra voluntad a Cristo para vivir solo por él. Nadie puede convertirse en un cristiano auténtico si no se niega a sí mismo despojándose del orgullo, la mentira, la ira, la comodidad pasajera y la vanagloria de la vida.
Pablo dice: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará, porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna» (Gálatas 6: 7, 8).
Negarnos a nosotros mismos es reconocer que quizás el estilo de vida que hemos llevado hasta ahora no es el mejor y podría conducirnos a la muerte eterna. Por tanto, debemos tomar una decisión, acudir a Dios para recibir su perdón y dejarnos transformar. Mediante esa transformación Dios nos hace criaturas nuevas, conformes a la imagen de Cristo, de manera que nuestros intereses quedan en segundo lugar, por detrás de los de Dios.
No obstante, negarnos a nosotros mismos no significa excluirnos de la sociedad, castigar nuestros cuerpos, ni vivir como ermitaños; es negar lo que queremos y, a veces, lo que necesitamos. Pablo, declaró: «Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por el cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Filipenses 3:8).
Una vez ganada la batalla contra el «yo», estamos listos para seguir firmemente a Cristo; el centro de nuestras vidas. Elena G. de White menciona: «La iglesia cristiana se fundó sobre el principio del sacrificio. «Si alguno quiere venir en pos de mi», declara Jesús, «niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame’ (Mateo 16: 24, RV60). Él exige el corazón entero, todos los afectos. Las demostraciones de celo, fervor y trabajo desinteresado que sus seguidores devotos han dado ante el mundo, debieran despertar nuestro ardor y llevarnos a imitar su ejemplo» (Testimonios para la iglesia, t. 5, cap. 32, p. 286).
Pidamos de corazón que la gracia de Cristo nos induzca a negarnos por completo a nosotros mismos.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez
