«¿Quién nos separará del amor de Cristo?
¿Tribulación, angustia, persecución, hambre,
desnudez, peligro o espada?».
Romanos 8: 35, RV95
¡CUÁN PRECIOSA ES LA SEGURIDAD de unión con Jesús en el tiempo de necesidad! […] Podemos decir: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?». No, porque esto nos hace sentir que solamente Cristo es nuestro refugio, y acudimos a él en busca de refugio. «¿La angustia?». No, porque él es nuestro consuelo. «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones» (2 Cor. 1: 3, 4).
«¿La persecución?». No, ya que «bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mat. 5: 10). «¿El hambre?». No, porque tenemos la promesa de Dios: «En tiempo de hambre te librará de la muerte» (Job 5: 20, DHH). «En épocas de hambre tendrán abundancia» (Sal. 37: 19, NVI). Al acudir a Jesús seremos plenamente satisfechos. «¿La desnudez?». Oigamos la voz de Jesús que dice: «Por tanto, yo te aconsejo que compres de mí oro refinado en el fuego para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez» (Apoc. 3: 18). «El vencedor será vestido de vestiduras blancas» (vers. 5). [—]
«¿El peligro?». No, Pablo sabía por experiencia lo que era estar en peligro. «En peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos» (2 Cor. 11: 26). «Y me ha dicho: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad»» (2 Cor. 12: 9). «¿La espada?». La espada no puede matar el alma, porque la vida está oculta con Cristo en Dios.
Bien podemos preguntar con Pablo: «¿Quién nos apartará del amor de Cristo?». Y contesta: «Estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Rom. 8: 35, 38, 39).— Carta 25, 1892.
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«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Ana Hironymus & Miguel Miguel

