miércoles , 22 abril 2026
Notas de Ellen G. White 2023

NAAMÁN

Pocos  comprenden el pleno  significado  de  las palabras  que Cristo habló  cuando,  en la sinagoga de Nazaret,  se anunció  como  el Ungido. Declaró  que su misión era consolar, bendecir y salvar  a los afligidos y pecadores.  Luego,  viendo  que  el  orgullo  y la  incredulidad  dominaban los  corazones de sus oyentes,  les  recordó  que en tiempos  pasados  Dios se había  apartado  de su pueblo  escogido  por causa  de su incredulidad y rebelión  y se había manifestado a los  habitantes de tierras  paganas  que no habían  rechazado  la  luz  del  cielo.  La viuda  de Sarepta y Naamán  el siro, habían  vivido de acuerdo  con toda la  luz que  tenían,  por lo cual  se los consideró más justos que  el pueblo  escogido  de  Dios que se había apartado de él y había  sacrificado sus principios a las conveniencias y honores  mundanales  (Los hechos de los apóstoles,  p. 333).

Hay personas  particularmente idóneas para trabajar entre las clases altas. Necesitan  pedir  a Dios  sabiduría  para  alcanzarlas, y no contentarse  con  un conocimiento casual  de ellas,  sino  procurar despertarlas, mediante su esfuerza  personal y su fe viva, para que sientan  las necesidades  del  alma,  y sean  llevadas  al  conocimiento  de  la  verdad  que está en Jesús.

Muchos   se  figuran  que  para  alcanzar  a  las  clases  altas,  hay  que adoptar  un modo de vivir y un método  de trabajo adecuado a los gustos desdeñosos de ellas.  Consideran de suma  importancia  cierta apariencia de fortuna,  los costosos  edificios, trajes  y atavíos,  el ambiente  imponente, la conformidad con  las costumbres mundanas y la urbanidad  artificiosa de las clases altas, así como  su cultura clásica  y lenguaje refinado. Esto es un error.  El modo mundano de proceder  para alcanzar  las clases altas  no es el  modo de proceder de Dios.  Lo que  surtirá  efecto  en esta tarea es la presentación  del evangelio  de Cristo de un modo consecuente y abnegado  (El ministerio de curación, p. 164).

La  verdad  debe  presentarse   con  tacto  celestial,   cortesía  y  ternura.  Debe  proceder de un corazón  que  se haya  enternecido y que haya sentido  simpatía  por los demás. Necesitamos establecer  una comunión íntima  con Dios,  para que el yo no renazca… Para que no derramemos un raudal  de palabras  impropias,  que no son ni como  el rocío, ni  como la  lluvia  que  vivifica  las  plantas  que  se agostan.  Al  tratar  de ganar  a otros  debemos   utilizar   palabras   amables.   Dios  concederá   sabiduría a quien busque sabiduría de lo alto. Debemos procurar encontrar oportunidades  en  todas   circunstancias;  debemos   velar   en  oración; debemos  estar  listos para  responder con  sencillez  y  temor  acerca  de nuestra  esperanza.  Elevemos  de  continuo  nuestros  corazones   a Dios, no  sea  que  impresionemos  negativamente a cualquier   persona  por  la cual Cristo murió; para que podamos  hablar  la palabra  apropiada  en el momento  apropiado.  Cuando  así  obremos  en favor de Dios, el  Espíritu será nuestro  ayudador.  El Espíritu Santo  usará las palabras que hemos pronunciado  amorosamente en favor  de las almas. La verdad  tendrá un poder vigorizante cuando sea hablada  bajo  la influencia de la gracia de Cristo  (Testimonios para la iglesia, t. 6, pp. 399, 400).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
4º. Trimestre 2023 «LA MISIÓN DE DIOS: MI MISIÓN»
Lección 9: «MISIÓN EN FAVOR DE LOS LEPROSOS»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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