Admitiré que cometí un error. Pero todavía culpo as Eddie por Io que sucedió. Eddie y yo estábamos en clase de natación. Aparentemente, nuestros padres estaban frustrados de que fuéramos torpes mamíferos terrestres y querían que nos comportáramos más como los peces del mar. Recuerdo que no podíamos aprobar la clase hasta que pudiéramos flotar por 25 minutos sin tocar los costados ni el fondo de la piscina. ¿Qué se suponía que debíamos hacer? ¿Llenar de espuma de poliestireno nuestros trajes de baño?
Un día, después de la clase, estaba en el vestuario esperando que Eddie terminara de cambiarse, cuando vi una casilla abierta. Parecía estar vacía y era tan alta como yo. ¿Será que entro ahí?, pensé. Fue entonces cuando cometí mi error. Me estrujé y logré meterme dentro de la taquilla. En ese momento, Eddie cometió su error. Entró en el vestuario y, al verme allí, cerró de un golpe la puerta de metal.
—¡Ey! —llamé desde la oscuridad del interior de la taquilla—. Déjame salir.
—No puedo —dijo Eddie, que sonaba un poco preocupado—. Hay un candado en la puerta.
Él no había visto el candado hasta que la puerta se había cerrado.
—Déjame salir! —vociferé, perdiendo por completo la tranquilidad, y desarrollando al instante un temor a los espacios pequeños que me acompañaría por el resto de mi vida.
Eddie pidió ayuda a los adultos que estaban allí cerca. Recuerdo sus voces, diciendo: «¿Cómo se quedó encerrado allí?». Luego de oír la historia varias veces, un adulto ingenioso fue al gimnasio y volvió con una barra para levantar pesas. Comenzó a golpear el candado. La taquilla sonaba y se sacudía con cada explosivo golpe.
Y entonces, se abrió la puerta y yo volví a la luz.
Todos cometemos errores. Menos mal que Dios está dispuesto a perdonarnos. La Biblia dice que «cada mañana se renuevan sus bondades». Para mí eso suena como que podemos empezar de cero cada día. Y cuando cometes tantos errores como este torpe mamífero terrestre, eso suena muy bien. Kh
«Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana»
(Lam. 3:22, 23, RV95).
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H
