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Matinal Para Damas 2015

Muertos en Medio de la Prueba-2

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Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: “¡Lázaro, ven fuera!”. Juan 11:43

La urgencia de la muerte de Lázaro no le impidió a Jesús hacer lo importante. Ante los ojos humanos era urgente que Jesús llegara al hogar de Marta y María pero, para él, era también importante sanar a los heridos y quebrantados que encontraba en el camino. Muchas veces consideramos como urgente lo que no es tan urgente. Es importante hacer todos los quehaceres de la casa, pero es más importante dedicar tiempo a la comunión con Dios. Es importante para nuestra salud que caminemos una hora por día, pero quizá en algún momento sea más urgente dedicar tiempo a un amigo necesitado.

Mientras todo esto sucedía, en casa de Lázaro las plañideras hacían su trabajo. María estaba absorta en el duelo. Había tanta confusión que no pudo escuchar el mensaje que le fue dado a Marta de que Jesús había llegado. ¿No nos ha pasado que a veces hay tanto ruido a nuestro alrededor que no podemos escuchar la voz de Dios? Llorar es una posibilidad que Dios nos dio para descargar los sentimientos. El mismo Jesús lloró en esa ocasión (ver Juan 11:35). Pero el llanto no debe dominarnos. Jesús lloró y actuó, y no quiso hacerlo solo; trabajó en equipo con Dios: “Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes… Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ‘¡Lázaro, ven fuera!’” (Juan 11:41-43). Después de la actuación divina, vino su orden para que el equipo humano hiciera su parte: “Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11:44; última parte). Él desea trabajar en equipo con nosotros en la tarea de orar, cuidar y trabajar por nuestros semejantes.

¿Qué ha muerto hoy en nuestra vida o en la de alguien que amamos? ¿El hogar? ¿Los proyectos? ¿La vida espiritual? ¿Qué tal si hoy llamamos a nuestro gran amigo Jesús y, a pesar de que pueda tardarse en el camino sanando a otros, permanecemos atentos a su voz? Él nos dirá: “Yo soy la resurrección y la vida, ¡[pon aquí tu nombre] ven fuera!”.

Gracias, amado Padre celestial, por escuchar nuestro llamado, por llorar y actuar con y por nosotros, por realizar el milagro que tanto necesitamos en nuestra vida, y librarnos de la muerte en medio de la prueba. En Cristo Jesús, Amén.

Samantha Rozo-Robin.

 Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015
“Jardines del Alma”
Por: Diane de Aguirre

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