MONUMENTOS DE LA CREACIÓN Y LA REDENCIÓN

 Entonces bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Génesis 2:3.

En el último versículo del capítulo 1 de Génesis, Moisés dice que «vio Dios todo cuanto había hecho, y era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana del sexto día» (vers. 31). A continuación, el Dios creador santifica el sábado, levantándolo como un monumento de la creación terminada. Un mundo perfecto para un hombre perfecto. Una verdadera obra de arte. Dios contempla su obra, tal como un pintor contempla satisfecho su cuadro recién terminado, y ve que es «bueno en gran manera».

De repente aparece la figura de Lucifer, el ángel caído, y como un muchacho malvado coloca su mano en la pintura fresca de la creación y arruina todo el cuadro de equilibrio y felicidad en que se movía el hombre.

Hoy se hace necesario reconstruir la creación arruinada. Es preciso restaurar al hombre caído, es imperativo colocar nuevamente cada cosa en su lugar, cada color en su verdadero tono, cada matiz en la medida adecuada.

Y Cristo vino al mundo para eso. Asumió la forma de hombre y vivió entre los hombres, y desde ahí trató de reconstruir en el ser humano la imagen perdida de Dios. A lo largo de treinta y tres años, Jesús trató de enseñar a los hombres por palabra y por ejemplo que la única salida para el problema humano es su retorno a Dios. Vivió en medio de una humanidad cansada, loca, desesperada, y repetidas veces clamó: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados» (S. Mateo 11:28). Trató de cumplir la misión que le encomendó el Padre. «Me es necesario hacer las obras del que me envió, mientras dura el día; la noche viene, cuando nadie puede trabajar» (S. Juan 9:4).

Jesús en su camino a ciegos, leprosos, paralíticos, endemoniados, prostitutas, ladrones, y su corazón se llenaba de dolor y compasión. No era ése el hombre perfecto que Dios había creado y puesto en el jardín. ¿Qué había sucedido a lo largo del camino? Pero él estaba allí, para restaurar al ser humano, y vivió cada minuto de su vida en la Tierra cumpliendo su misión.

Finalmente, un viernes por la tarde, Jesús miró desde la cruz del Calvario al mundo y vio que la obra de la redención que había venido a realizar estaba completa. En su agonía, entre la vida y la muerte, exclamó: «¡Consumado es!», y el sábado descansó en la tumba, «conforme al mandamiento» (S. Juan 19:30; S. Lucas 23:56).

Pero el sábado se levantó no sólo como un monumento de la creación sino también como un monumento de la redención. Como si fuera el aniversario de la obra creadora y también el aniversario de la obra redentora. Nadie puede cambiar el aniversario de una persona. ¿Por qué, entonces, ese afán por cambiar el día que Dios separó en la creación y confirmó en la redención?

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Lecturas Devocionales Familiares 2022
«A SOLAS CON JESÚS»
Por: ALEJANDRO BULLÓN
Colaboradores: José Luc & Misael Morillo

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