jueves , 10 septiembre 2026
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Notas de Ellen G. White 2023

MISIÓN EN FAVOR DE LOS NO ALCANZADOS: segunda parte

La caída  del  hombre  llenó todo el cielo de tristeza… Los  ángeles suspendieron   sus  himnos  de  alabanza.  Por  todos  los  ámbitos   de  los atrios celestiales, había  lamentos por la ruina que el pecado  había  causado.

El  Hijo  de  Dios,  el glorioso  Soberano   del  cielo, se conmovió   de compasión  por  la  raza  caída.  Una  infinita  misericordia  conmovió  su corazón  al  evocar  las desgracias  de  un  mundo  perdido.  Pero  el  amor divino  había concebido un plan  mediante  el cual el hombre  podría  ser redimido.  La quebrantada  ley  de Dios  exigía  la  vida  del  pecador.   En todo  el  universo  solo  existía  uno  que  podía  satisfacer  sus  exigencias en  lugar  del  hombre.  Puesto  que  la  ley  divina  es  tan  sagrada   como el  mismo  Dios,  solo  uno  igual  a  Dios  podría  expiar  su  transgresión. Ninguno  sino Cristo  podía  salvar al  hombre  de la  maldición  de  la  ley, y  colocarlo  otra  vez  en  armonía  con  el  Cielo.  Cristo  cargaría  con  la culpa  y  la  vergüenza  del  pecado,  que  era  algo  tan  abominable  a  los ojos de Dios que  iba  a separar al  Padre y su Hijo.  Cristo  descendería a la profundidad  de  la  desgracia  para rescatar  la  raza caída (Patriarcas y profetas, p. 48).

Para salvar a los que yerran,  debemos  cultivar  el espíritu  con que Cristo  trabajó.  Ellos  le  son  tan caros  como  nosotros.  Son  igualmente capaces  de  ser  trofeos  de  su gracia  y  herederos  del  reino.  Pero  están expuestos  a las trampas  del astuto enemigo,  expuestos  al peligro  y a la contaminación, y sin la gracia salvadora  de Cristo, a la ruina segura. Si nosotros  considerásemos este asunto  en  su debida  luz,  ¡cómo se vivificaría nuestro celo, se multiplicarían  nuestros esfuerzos fervientes  y abnegados,  a fin de acercamos  a aquellos  que necesitan  nuestra ayuda, nuestras  oraciones,  nuestra  simpatía y nuestro  amor!…

Viven  tan solo  para  Cristo y honran  su  nombre  aquellos  que  son fieles a su Maestro,  tratando  de salvar  lo  que se había perdido.  La piedad  genuina  se  manifestará   ciertamente   mediante  el  anhelo  profundo y la  ferviente labor del Salvador  crucificado para salvar a aquellos  por quienes  murió.  Si  nuestro  corazón  está  enternecido  y subyugado   por la  gracia  de Cristo,  si  está  iluminado  con un sentido  de la bondad  y el amor  de Dios,  habrá  un flujo natural  de amor,  simpatía y ternura  hacia los  demás.  La verdad  ejemplificada en la  vida  ejercerá su poder,  como la levadura oculta, en todos aquellos con quienes  sea puesta en contacto (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 570, 571).

El hombre es propiedad  de Dios, y los ángeles  observan  con intenso interés  para ver cómo  tratará  el  hombre  con sus semejantes.  Cuando las inteligencias celestiales ven a los que dicen  ser hijos e hijas de Dios realizar  esfuerzos  semejantes a los  de Cristo  para  ayudar  los  errantes, y  manifiestan   un  espíritu  tierno  y  compasivo   por  los  arrepentidos  y caídos,  los ángeles  se acercan  más a ellos y les  hacen recordar  las  palabras adecuadas  para aliviar  y elevar el alma.  Hay ángeles santos  en  la senda de cada uno de nosotros. No debemos  despreciar a ninguno de los pequeñitos  de Dios (Exaltad a Jesús, p. 203).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
4º. Trimestre 2023 «LA MISIÓN DE DIOS: MI MISIÓN»
Lección 11: «MISIÓN EN FAVOR DE LOS NO ALCANZADOS: Segunda parte»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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