sábado , 15 agosto 2026
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Matinal De Damas 2026

«MIENTRAS LO EXALTEMOS»

«Sálvanos, oh Dios de nuestra salvación! Vuelve a reunirnos y líbranos de las naciones, para que demos gracias a tu santo nombre y alabarte sea nuestra gloria»

1 Crónicas 16:35.

Josafat, rey de Judá, había tenido un buen ejemplo en su padre, Asa, y, durante veinticinco años, trajo prosperidad material y espiritual al reino.

Al final de su reinado, un mensajero le avisó de que los amonitas y los moabitas querían ir contra Judá. Como método de prevención, el rey reforzó a su ejército y fortificó las ciudades. Sabía que así estaba preparado para enfrentar a sus fuertes enemigos, pero no confió enteramente en sus recursos bélicos, sino en el Señor. Josafat reconoció que sus armas de guerra y sus esfuerzos por dar seguridad al reino serían inútiles si la presencia de Dios no estaba con ellos. Entonces proclamó ayuno en todo Judá. Hombres, mujeres y niños se presentaron al Señor suplicando su ayuda. Y el Señor les respondió que no tuvieran temor, porque la pelea no era de ellos, sino suya.

Animados por la promesa, Josafat y el pueblo se postraron delante del Señor, adorando en voz alta. Al día siguiente, el ejército salió a la batalla. El pueblo fue incentivado por el rey a creer en el Señor y en sus profetas, porque solo así estarían seguros y prosperarían. También se ordenó que los cantores fueran al frente del ejército, exaltando al Señor por la promesa de la victoria. Qué manera singular de ir a la batalla contra el ejército enemigo, ¿no te parece?

Mientras Dios era exaltado, él mismo puso emboscadas a los ejércitos enemigos, que se confundieron y se levantaron el uno contra el otro, a pesar de que eran aliados. Así, se destruyeron mutuamente.

Cuando Judá se acercó al lugar donde se había producido la batalla, en vez de un amenazador ejército vieron solo cuerpos muertos esparcidos por el suelo. Entonces cargaron los despojos y los llevaron a Jerusalén, festejando y adorando a Dios con salterios, arpas y trompetas.

No sé qué batalla estás enfrentando hoy. Tal vez incluso te consideras lo suficientemente fuerte como para hacerle frente. Pero, por favor, no pongas tu confianza en ti ni en otras personas. Dios sigue siendo nuestra fuerza. Si lo alabamos más mientras luchamos nuestras batallas, tendremos mayores garantías de fuerza, esperanza, coraje y fe. ¡Y de victoria!

«En toda emergencia, débemos reconocer que la batalla es suya. Sus recursos son ilimitados y las imposibilidades aparentes harán tanto mayor la victoria» Elena G. de White, Profetas y reyes, cap. 15, pág. 134.

¡Alábalo, y él peleará por ti!

 

Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.

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