viernes , 17 abril 2026
Devocion Familiar

!Me libró!

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«Me libró de un poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo».  2 Samuel 22: 18

VIRGINIA PASEA por la orilla del río. Mira hacia abajo. Busca algo. De vez en cuando se agacha, y mete algo en el bolsillo grande del delantal. Dejó su casa temprano, y ha caminado dos horas para llegar al río.

Bajo la sombra de un enorme sauce, se detiene a examinar el resultado de su búsqueda, y sonríe con sonrisa de Monalisa. Piedras. Muchas piedras. Grandes y pequeñas. Con el bolsillo lleno, camina, decidida, hacia el agua. Hacia adentro, hacia la corriente, hacia la parte más profunda Mira hacia el cielo, se hace la señal de la cruz y suspira. Siente el cosquilleo del pedregullo en sus pies; el frío, en sus pantorrillas. Sonríe nuevamente, al notar que su plan está funcionando: no le sucederá como la otra vez, que se lanzó al río pero salió flotando. Salió mojada y triste. Mojada de derrota. Y, al regresar a casa, tuvo que mentir al esposo y decirle que se había caído al río Esta vez no tendrá que mentir; no flotará. Ahora será definitivo.La muerte la espera allá, en el fondo del río. Fue así de simple como Virginia Woolf, una de las más extraordinarias escritoras inglesas del siglo pasado, cometió suicidio en 1941. Su cuerpo, ya en estado de descomposición, fue encontrado a la orilla del río por dos niños que jugaban, distraídos.
En la carta de despedida que dejó a su esposo, decía, entre otras cosas: «Me persiguen las voces, y no logro soportarlas».

¿Quién no se ha sentido perseguido alguna vez? En el lugar de trabajo, en la escuela, en el vecindario y hasta en la familia, ¿no has sentido la mirada sarcástica o hiriente de alguien al que no le simpatizas?

David, el autor del texto de hoy, también fue perseguido. Enemigos gratuitos aparecían todos los días; voces agresivas, maliciosas, calumniadoras. Su propio hijo Absalón se sublevó en contra de él, por ambición al trono; solo que David, a diferencia de Virginia, sabía adónde acudir en busca de ayuda.

No temas ante las voces que se levantan contra ti. No huyas; no busques salidas fáciles. El Dios de David es también el tuyo. Puede serlo si, en este momento, antes de partir hacia la lucha de la vida, tomas tiempo para arrodillarte y declarar, con confianza: «Me libró de un poderoso enemigo, y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo». Sí, la lucha todavía no ha comenzado, pero Dios ya te ha librado.

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Matinal Para Toda La Familia 2017
“Plenitud En Cristo”
Por: Alejandro Bullón.

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