MÁS SECRETOS DEL REINO

VERSICULO PARA MEMORIZAR

«¡Veán qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!» (Salmo 133: 1).

MENSAJE

Debido a que Dios nos ama, podemos amar a nuestros amigos y a nuestros enemigos.

REFERENCIAS

• Mateo s: 21 -26,33-48, TG1cap. 31, pp~ 279-281, • ADJ, cap. 3, Creencias fundamentales 14, 12,22

¿Has escuchado alguna vez un sermón tan directo, tan fuerte, que te estimuló a realizar un cambio, y que por otro lado incomodó a muchas personas? Muchas personas que escuchaban a Jesús tuvieron esa experiencia cuando concluyó su discurso acerca del reino invisible. Imagina que sucedió como sigue.

El muchacho observaba a los fariseos mientras Jesús hablaba. Escuchaban con indiferencia. Supuso que no aprobaban lo que el Maestro decía. Aquel día, el muchacho había oído tantas cosas maravillosas. Había aprendido de Jesús que, como hijo del Padre celestial, debía tratar con amor y compasión tanto a sus amigos como a los desconocidos, incluso a la gente que le caía mal. Dios sería quien lo ayudaría a amar a los demás con este tipo de amor. Recordó entonces a los niños harapientos que deambulaban por el mercado. No se sentía a gusto cerca de ellos y los evitaba. Pensó que eso no estaba bien y que debía tratar de ayudarlos de alguna manera. Jesús siguió hablando de cómo lo que hace una persona deja ver ante los demás en qué estado se encuentra su corazón: -Ustedes han oído que a sus antepasados se les dijo: «No mates, pues el que mate será condenado.» Pero yo les digo que cualquiera que se enoje con su hermano, será condenado (Mateo s: 21 -22).

La multitud escuchaba a Jesús atentamente. De pronto, los fariseos, que hasta entonces habían mostrado un rostro inexpresivo, comenzaron a fruncir el ceño. -Así que, si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí mismo delante del altar y ve primero a ponerte en paz con tu hermano. Entonces podrás volver al altar y presentar tu ofrenda (Mateo S: 23-24). El muchacho pensó en la discusión que había tenido con su amigo. Después de eso no había sentido muchas ganas de platicar con Dios. Después que se pidieron disculpas desapareció de su interior esa sensación de vacío. Entonces, Jesús indicó que debemos alejarnos de todo lo que nos incite a pecar, aunque nos cueste. No deberíamos permitir que nada interfiera con el plan de Dios para nuestra vida. Mirando a su padre, el muchacho pensó: «Él dejó de hacer algunas cosas porque lo alejaban de Dios». Jesús siguió hablando: -También han oído que se dijo: «Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.» Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio recibirán? Hasta los que cobran impuestos para Roma se portan así.

Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los paganos se portan así. Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto (Mateo S: 43-48). El muchacho miró entonces a su madre. A veces ella le llevaba comida a una mujer cuyo esposo había muerto. Otras veces les llevaba ropa a personas que habían perdido su casa y sus pertenencias. A ella nunca le había importado si conocía a aquellas personas o no.

Jesús siguió hablando: -No hagan sus buenas obras delante de la gente solo para que los demás los vean. Si lo hacen así, su Padre que está en el cielo no les dará ningún premio. Cuando tú ayudes a los necesitados, no se lo cuentes ni siquiera a tu amigo más íntimo; hazlo en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio (Mateo 6: 1, 3,4).

El muchacho pensó en las cosas que le veía hacer a su mamá. Hacía muchas cosas por los demás, y nunca presumía de ello. «Ella es muy diferente a otras personas que conozco. Por ejemplo, los fariseos siempre presumen de todo lo bueno que hacen», pensó. Reflexionó también en otras cosas de las que había dicho Jesús. Ahora comprendía que, como hijo del Padre celestial, debía mostrar a quienes no conocían a Dios, cómo vive un hijo de Dios. Si los demás lo veían tratar bien a la gente, tal vez se acercarían a preguntarle por qué era así y esa sería su oportunidad para hablarles de Dios y de lo que Dios hacía en su vida.

Pero si no era cuidadoso con sus actos, no estaría reflejando el amor de Dios. De esa manera, la gente que se relacionara con él no se daría cuenta de que él era diferente y perdería su oportunidad para hablarles de Dios.

Más tarde, les dijo a sus padres:

-No sé cómo puedo hacer todo lo que Jesús dijo hoy.

-Recuerda que no es por ti mismo como lo lograrás, sino con el poder de Dios

-le recordó su padre.

-Me gusta eso -dijo el muchacho.

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Lección de Escuela Sabática para INTERMEDIARIOS
1er Trimestre 2023 
Lección 4: «MÁS SECRETOS DEL REINO»
Colaboradores: Karla González & Israel Esparza

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