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La Oración

Más oración personal

Debemos orar mucho en secreto. Cristo es la vid, y nosotros los sarmientos. Y si queremos crecer y fructificar, debemos absorber continuamente savia y nutrición de la viviente Vid, porque separados de ella no tenemos fuerza. Pregunté al ángel por qué no había más fe y poder en Israel. Me respondió: “Soltáis demasiado pronto el brazo del Señor. Asediad el trono con peticiones, y persistid en ellas con firme fe. Las promesas son seguras”.—Primeros Escritos, 73.

Vivir así, dependiendo de la Palabra de Dios, significa entregarle toda la vida. Se experimentará una permanente sensación de necesidad y dependencia, una búsqueda de Dios por parte del corazón. La oración es una necesidad porque es la vida del alma. La oración en familia, la oración en público, tienen su lugar, pero es la comunión secreta con Dios la que sostiene la vida del alma.—La Educación, 258.

Oh, ¿conocemos a Dios como deberíamos? ¡Qué alivio, qué gozo deberíamos tener si aprendiéramos diariamente la lección que él desea que aprendamos! Debemos conocerlo en forma experimental. Esto será benéfico para que pasemos más tiempo en oración secreta, familiarizándonos personalmente con nuestro Padre celestial.—El ministerio médico, 133.

“El pueblo de Dios descuida la oración personal”

He observado frecuentemente que los hijos del Señor descuidan la oración, y sobre todo la oración secreta; la descuidan demasiado. Muchos no ejercitan la fe que es su privilegio y deber ejercitar, y amenudo aguardan aquel sentimiento íntimo que solo la fe puede dar. El sentimiento de por sí no es fe. Son dos cosas distintas.—Primeros Escritos, 72.

Nuestro Creador demanda nuestra devoción suprema, nuestra primera lealtad. Todo lo que tienda a debilitar nuestro amor a Dios, o a interferir con el servicio que le debemos, se convierte por eso mismo en un ídolo. Para algunos, sus tierras, sus casas, sus mercaderías, son los ídolos que adoran. Emprenden actividades comerciales con celo y energías, mientras al servicio a Dios se le da una consideración secundaria. Se descuida el culto familiar y se olvida la oración secreta.—Hijos e Hijas de Dios, 59.

Guardaos de descuidar la oración secreta y el estudio de la Palabra de Dios. Estas son vuestras armas contra aquel que se esfuerza por obstaculizar vuestro progreso hacia el cielo. El primer descuido de la oración y del estudio de la Biblia hace más fácil el segundo. La primera resistencia a los ruegos del Espíritu prepara el camino para la segunda. De este modo se endurece el corazón y se hace insensible la conciencia.—Mensajes para los Jóvenes, 94.

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LA ORACIÓN
   CAPÍTULO 16- “LA ORACIÓN PRIVADA ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara

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