«Quienquiera que bajo la reprensión de Dios humille su alma con la confesión y el arrepentimiento, tal como lo hizo David, puede estar seguro de que hay esperanza para él. Quienquiera que acepte por la fe las promesas de Dios, hallará perdón. Jamás rechazará el Señor a un alma verdaderamente arrepentida» (Patriarcas y profetas, cap. 71 p. 717).
APLÍCALO A TU VIDA
Martes
Dedica un momento para leer y meditar en la promesa maravillosa escrita por Elena G. de White en la sección Más Luz. ¿Qué parte de esta promesa te gustaría reclamar de forma personal?
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Escríbele una oración a Dios apropiándote de esta promesa. Piensa en alguien a quien conoces, que responde pronto a la voz de Dios cuando siente que ha hecho algo malo. Para algunos, las palabras “me equivoqué” o “me comporté de forma egoísta” o “lo lamento” suenan a humildad y sinceridad. ¿De qué manera una persona como esta ha ayudado a moldear tu vida? ¿De qué manera percibes que su ejemplo te puede ayudar en el futuro?
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