«Los impíos están llenos de pesar, no por su indiferencia pecaminosa para con Dios y sus semejantes, sino porque Dios haya vencido. Lamentan el resultado obtenido; pero no se arrepienten de su maldad. Si pudiesen hacerlo, no dejarían de probar cualquier medio para vencer. El mundo ve a aquellos mismos de quienes se burló y a quienes deseó exterminar, pasar sanos y salvos por entre pestilencias, tempestades y terremotos. El que es un fuego consumidor para los transgresores de su Ley, es un seguro pabellón para su pueblo» (El conflicto de los siglos, p. 636).
APLÍCALA A TU VIDA
En la cita de la sección Más luz de esta semana, Elena G. de White describe la experiencia de los malvados antes de que Dios destruya el mal y haga nuevas todas las cosas. Al pensar en la destrucción de los malos, ¿sientes lástima por ellos? ¿Se te hace difícil imaginar o pensar en ese momento? Elena G. de White nos da una mejor visión de lo que sentirán las personas que en último término hayan rechazado a Dios. El Señor es un Dios justo que puede leer el corazón de cada quien. Él jamás destruirá a una persona buena que no entendió bien cómo eran las cosas. Los malvados que serán destruidos son los que han lastimado a otros seres humanos y que, sin embargo, no sienten ningún tipo de remordimiento. Han causado dolor y miseria, y el único remordimiento que sienten es pensar que Dios los ha descubierto. Son personas que jamás cambiarán. Piensa por un momento en tu vida: ¿Tienes algo a lo cual te sigues aferrando, algo que detestarías que quedará expuesto, pero que no deseas abandonar?
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Lección de Escuela Sabática para Jóvenes.
4to. Trimestre 2022 “UN LIBRO ABIERTO”
Lección 12: «EL MAL ES DESTRUIDO PARA SIEMPRE»
Colaboradores: Karla González & Karen Saban

