«Digan siempre los que aman tu salvación: «¡El Señor sea engrandecido!»».
Salmo 40: 16, RVA15
Como testigos de Cristo, debemos decir lo que sabemos, lo que nosotros mismos hemos visto, oído y palpado. Si hemos estado siguiendo a Jesús paso a paso, tendremos algo oportuno que decir acerca de la manera en que nos ha conducido. Podemos explicar cómo hemos probado su promesa y la hemos hallado veraz. Podemos dar testimonio de lo que hemos conocido acerca de la gracia de Cristo. Este es el testimonio que nuestro Señor pide y por falta del cual el mundo perece.— El Deseado de todas las gentes, cap. 35, P. 312.
El Señor desea que toda familia que se está preparando para habitar en las mansiones celestiales, le dé gloria por los ricos tesoros de su gracia. Si los niños, en el hogar, fueran educados y preparados para ser agradecidos al Dador de todo bien, veríamos manifestarse la gracia celestial en nuestras familias. Se vería alegría en el ambiente del hogar, y por el testimonio de estos, los jóvenes llevarían consigo un espíritu de respeto y reverencia tanto al aula como a la iglesia.
Toda bendición temporal será recibida con gratitud, y toda bendición espiritual llegará a ser doblemente valiosa debido a que la percepción de tal miembro del hogar, se ha santificado por la Palabra de verdad. El Señor Jesús está muy cerca de aquellos que aprecian de ese modo sus dones de gracia, que descubren el origen de todos sus bienes en un Dios benevolente, amante y cuidadoso, y que reconocen en él la gran Fuente de toda consolación, el manantial inagotable de la gracia.— Hijos e hijas de Dios, 25 de abril, p. 124.
El verdadero cristiano dará a Dios el primer lugar, el último y el mejor en todo. Ningún motivo ambicioso enfriará su amor hacia Dios, sino que con perseverancia y firmeza honrará a su Padre celestial. Cuando exaltamos fielmente el nombre de Dios, nuestros impulsos están bajo la dirección divina y somos capacitados para desarrollar poder espiritual e intelectual.
Jesús, el divino Maestro, ensalzó siempre el nombre de su Padre celestial. Enseñó a sus discípulos a orar: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre» (Mat. 6: 9). No debían olvidarse de reconocer: Tuya es la gloria» (Mat. 6: 13).— Profetas y reyes, cap. 4, p. 46.
EL PROPOSITO DE GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
