Pero el ángel le dijo: «Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan». Lucas 1:13.
Elisabet

Un ángel del cielo vino para instruir a Zacarías y Elisabet acerca de cómo educar y formar a su hijo, a fin de actuar en armonía con Dios para preparar un mensajero que anunciase la venida de Cristo. Como padres, debían cooperar fielmente con Dios para desarrollar tal carácter en Juan, que lo capacitara para ser un obrero competente en la parte que Dios le había asignado. Juan era el hijo de la vejez, el niño del milagro, y los padres podrían haber razonado que el Señor tenía una obra especial para él, y que Dios mismo se encargaría de prepararlo. Pero los padres no razonaron de esa manera. Se trasladaron a un lugar en la campiña donde su hijo no estuviera expuesto a las tentaciones de la vida en la ciudad, ni fuera inducido a separarse del consejo y la instrucción que sus padres le darían. Hicieron su parte en desarrollar en el niño un carácter que pudiese cumplir con el propósito que Dios le había asignado. No descuidaron aspecto alguno que pudiera evitar que su hijo llegara a ser bueno y sabio, «para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz» (Lucas 1:79). Ellos cumplieron con su sagrada responsabilidad. — Elena G. de White, HD, cap. 3, pp. 45-46
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2019
“Hijas del Rey”
Por: Diana de Aguirre
Colaboradores: Norma Salinas & Paty Solares