“No que seamos competentes… que nuestra competencia proviene de Dios” 2 Corintios 3:5
“Por tanto, no desmayamos… el (hombre) interior se renueva de día en día” 2 Corintios 4:16
No mirando nosotros las cosas que se ven, si no las que no se ven” 2 Corintios 4:18
Absorto en Cristo, en los pasajes arriba citados, Pablo proclama elocuentemente sus tres “no”. En el primero declara: “No que seamos competentes”. En otras versiones de la Biblia, esta última palabra se traduce como “suficientes”, término que el Gran diccionario de la lengua española de Larousse define como “que basta para un fin determinado”, y también, “que tiene aptitud para una cosa”. Cristo es el único que basta para satisfacer nuestras más profundas necesidades. El placer no puede satisfacer el hambre del alma. La popularidad, tampoco. Y lo mismo puede decirse del prestigio o del poder. Nada de esto puede satisfacer las necesidades del corazón. Sólo Jesús reúne las aptitudes requeridas para satisfacerlas de verdad. Él es nuestra suficiencia. Nosotros no somos suficientes —o competentes- para salvamos a nosotros mismos, ni podemos luchar a solas contra el enemigo. Como dice el apóstol: “nuestra competencia viene de Dios” (2 Cor. 3:5). Cristo es nuestra suficiencia y nuestra fuente de confianza.
En su segundo “no”, el apóstol afirma que “no desmayamos”. Nuestra persona exterior” podrá perecer; la enfermedad podrá afligimos y hacer estragos en nosotros. La edad podrá derrumbarnos. Las enfermedades cardíacas, el cáncer o la diabetes podrán devastar nuestros cuerpos, pero aun así Cristo permanece y permanecerá en nosotros. Él es nuestro valor, nuestra confianza, nuestro aliento. No desmayamos, porque él eleva nuestro espíritu. El apóstol llega ahora a su tercer y último “no”: “Fijamos nuestros ojos,
no en lo que se ve”. Cristo es nuestra visión. Desvía nuestra mirada de lo que está a nuestro alrededor, para centrarla en lo que está por encima de nosotros. Eleva nuestra visión: de lo que es a lo que será. Alza nuestros ojos de las cosas del tiempo finito, a las cosas de la eternidad.
Durante el bombardeo de Londres, en la Segunda Guerra Mundial, los aviones enemigos bombardearon la ciudad noche tras noche. Por doquiera ardían las llamas, mientras se desmoronaban vecindarios enteros. Un niñito
—que desde su refugio observaba a la distancia las terribles explosiones- lloraba y temblaba ante la escena. En cuanto su padre se dio cuenta, fue hacia él, y le dijo con firmeza:
-Mírame a mí. Mírame a mí.
Aunque las bombas siguieron cayendo toda la noche, cada vez que el niño las oía, volvía la mirada hacia su padre y dejaba de temblar. El terror se desvaneció de su rostro.
Hoy y cada día Jesús nos conmina:
-Mírame. Fija tus ojos en mí. Yo soy tu suficiencia, tu confianza, tu visión… Descansa en mis brazos. Siéntate seguro en mi amor. Ten esperanza en mi brazo.
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME »
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
