Como dice la Escritura: »Verán los que nunca hablan tenido noticias de él; entenderán los que nunca habían oído de el» Romanos 15:21

Jim Elliot estaba casado con una joven llamada Elisabeth y tenían un bebé de apenas unos meses. Cuando el perdió la vida a manos de los guerreros huaorani, lo más natural para su esposa hubiera sido no querer saber nada de ellos, guardarles resentimiento de por vida, tal vez huir lo más lejos posible… Pero, a pesar del trauma vivido, Elisabeth decidió, dos años después de la muerte de su esposo, ir a vivir con los huaorani, junto con su hija, para hablarles de Cristo.
Parece que Elisabeth Elliot era del mismo sentir que el apóstol Pablo, que defendía ir a predicar a los que nunca habían tenido noticias de Cristo, a los que nunca habían oído hablar de él (ver Rom. 15:21). Y esa idea la tomaba de un pasaje del Antiguo Testamento que se encuentra en Isaías 52:15.
Romanos 15:21 nos guía a una necesidad verdadera: ser luz para aquellos que viven en la oscuridad de la ignorancia. Quizás hoy, en los países donde vivimos en Latinoamérica, el nombre de Cristo si es conocido, pero Cristo mismo, su verdadero carácter y su mensaje, son todavía grandes desconocidos para el común de la gente. ¿Qué haremos al respecto? ¿Tomaremos el testigo de las personas que, antes que nosotras, van predicado las Sagradas Escrituras? No creo que el llamado sea a viajar a lugares remotos de la tierra (que obviamente se puede y se debe hacer) sino a estar atentas a quienes desconocen el mensaje de salvación y dárselo a conocer de palabra y de obra, de una manera sencilla y atractiva que pueda cambiar vidas.
En todos los países, en todas las ciudades, en todos los pueblos, hay gente esperando recibir las buenas nuevas.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2020
“Un día a la vez”
Por: Patricia Muñoz Bertozzi
Colaboradores: Rosita Almazo & Esther Jiménez