«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos».Mateo 5: 3
ANHELO DE CRISTO ERA llenar el mundo de paz y alegría semejantes a las que se encuentran en el mundo celestial. Con claridad y poder pronunció las palabras que llegarían a nuestros días como un tesoro de bondad. Qué sublimes palabras fueron esas, y qué consoladoras. De sus labios divinos brotaron con seguridad plena y abundante las bendiciones que demostraban que él era la Fuente de toda bondad, y que era su prerrogativa bendecir e impresionar las mentes de todos los presentes. El estaba cumpliendo su deber especial y sagrado, y los tesoros de la eternidad estaban a su disposición.
No escatimó el empleo de esos tesoros. NO había mezquindad en Cristo cuando actuaba en el ministerio de Dios. Abarcó con su bendición a los que formarían su reino en este mundo. El trajo al mundo todas las bendiciones indispensables para la felicidad y la alegría de cada persona, y ante el universo presentó las riquezas de la gracia del cielo, los tesoros acumulados del Padre sempiterno. Cristo indica quiénes serán herederos de Dios y coherederos con él. Proclama PÚblicamente a quiénes elige como sus súbditos, y les asigna su lugar en su servicio corno unidos con él mismo.
Los que posean el carácter de Cristo, compartirán con él la bendición y la gloria y el honor que recibirá para siempre.—— Manuscrito 118 1905.
El que se cree sano, el que se considera razonablemente bueno y está satisfecho de su condición, no procura participar de la gracia y justicia de Cristo. El orgullo no siente necesidad y cierra la puerta del corazón para no recibir a Jesucristo ni las bendiciones infinitas que él vino a dar.-— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, p. 2 L
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Devocional Vespertino Para 2017.
“Hijos E Hijas De Dios”
Por: Elena G. de White.
