Somos una nación en guerra (Mal. 4: 5-6)
Somos una nación en guerra; y aunque no es una guerra con armas y bombas, m con tanques o aviones de combate, no por ello es menos real. Esta guerra se libra contra nuestros hijos, los dones preciosos que Dios nos ha dado.
Randall Terry dice en un artículo de la revista Time: «Creo que el demonio existe Y que esta es su agenda: primero, no quiere que nadie tenga hijos. En segundo lugar, si los tienen, él quiere acabar con ellos. Si no acaba con ellos a través del aborto, los quiere descuidados o abusados física, emocional o sexualmente. Además, desea introducirlos en un plan de estudios sin Dios, para contaminar sus mentes. De una manera u otra, las legiones del infierno quieren destruir a los niños porque ellos se han de convertir en los adultos y líderes del futuro. Si se puede deformar o herir a un niño, será un adulto deformado o herido que pasará esa herida a la próxima generación».»
Malaquías nos dice que Dios nos enviará el mensaje de Elías para «que padres e hijos se reconcilien. De lo contrario vendré y castigaré su país, destruyéndolo por completo» (Mal. 4: 6).
El pecado de David (2 Sam. 12: 5-17)
David confió en él mismo y no en Dios, por eso se permitió tener una relación adúltera con Betsabé. Cuando creas que puedes hacer algo por tu cuenta, detente y analízalo bien, porque seguramente te estarás equivocando. Cuando David fue enfrentado por el profeta Natán, se condenó a sí mismo con la sentencia: «Él restaurará cuatro veces el cordero, porque hizo esto y porque no tuvo piedad» (2 Sam. 12: 6). Dios permitió que la profecía autoproclamada de David se hiciera realidad.
El primer hijo de David y Betsabé murió siete días después de nacer (2 Sam. 12: 18). Más adelante, Amón violó a Tamar, hija de David. Aunque David se sintió muy enojado, no hizo nada al respecto. Después de dos años, Absalón mató a Amón, su hermano, por lo que le había hecho a su hermana. David le había permitido a Absalón pasar dos años enojado por no haber abordado el problema. Tiempo después, el mismo Absalón intentó quedarse con el trono de su padre, lo que provocó su muerte. Todos estos sucesos ocurrieron por causa del pecado del David.
David se arrepiente (Salmo 51)
El Salmo 51 nos ayuda a entender los sentimientos de David y su lealtad a Dios después de su gran pecado y el de su familia contra el Señor. Primero, nos enseña que, aunque nos hayamos equivocado, podemos acudir a Dios y tener acceso a la restauración. Este tema es vital para padres y tutores en general. Segundo, no solo podemos ser perdonados, sino que Dios nos permitirá reconciliarnos con nuestros hijos.
Muchas veces los hijos luchan con los mismos pecados que hicieron caer a sus progenitores. Los padres pueden ayudar a sus hijos a superar esas pruebas explicándoles por qué actúan de determinada manera, dándoles así armas para que no lo hagan ellos también. Al actuar así con sus hijos, padres e hijos se compenetrarán mejor. Los padres deben tener conversaciones abiertas con sus hijos; asimismo, hablar de sus luchas puede ayudar a otros a superar Tas propias.
Las últimas palabras de David se registran como una canción en 2 Samuel 23: 1-5. Grande fue la caída de David, pero más profundo fue su arrepentimiento; ardiente era su amor y fuerte su fe. Le habían perdonado mucho y, por tanto, amaba mucho.
MUCHAS VECES LOS HIJOS LUCHAN CON LOS MISMOS PECADOS QUE HICIERON CAER A SUS PROGENITORES.
Los padres son padres, no amigos (Prov. 22: 6)
Es hora de que los padres acepten la responsabilidad que conlleva tener hijos. Es hora de que solicitemos la obediencia de nuestros hijos. Es hora, como hijos, de que obedezcamos a nuestros padres «en el Señor: porque esto es correcto» (Efe. 6: 1). Pero la Biblia también dice: «Padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien edúquenlos con la disciplina y la instrucción que quiere el Señor» (Efe. 6: 4).
Provocamos a nuestros hijos cuando les exigimos obediencia sin invertir en una relación con ellos. Exigir obediencia sin que exista una buena relación inevitable-mente provocará rebeldía. Una buena relación significa que los padres no solo conocerán a sus hijos, sino que también permitirán que ellos los conozcan. El objetivo no es ser amigos, sino comprender los pensamientos y motivos del otro. Eso les dará a los hijos algunas pautas para navegar su mundo.
Nuestros hijos van a hacer amigos en la escuela y en la iglesia, pero en casa necesitan padres. Ya es hora de que los padres sean padres y permitan que Dios transfor-me los corazones de sus hijos, para que sus hijos puedan también devolverles sus afectos.
PARA COMENTAR
- ¿En qué consiste el verdadero arrepentimiento?
- ¿Es bueno que seas sincero con tus padres?
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Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 11: «Familias de fe»
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
