María recibió una gran encomienda: ser la madre de Jesús. Tuvo que criar al Salvador del mundo y enseñarle cómo hacer cosas tan sencillas como comer, caminar o hablar. Solo podemos imaginar cómo debe de haberse sentido María. Ella tenía un don de Dios que venía con una responsabilidad y, como madre joven, no tenía una tarea fácil. Sin embargo, la Biblia dice en Lucas 1: 46-55 que María alabó a Dios. De hecho, ella glorificó su nombre, porque él la había bendecido y porque «llenó de bienes a los hambrientos» (v. 53). El Señor trajo alegría a su cuerpo y a su alma. María tenía un don, una misión, pero ese don venía con una responsabilidad. Hoy tenemos el hermoso don de conocer a Jesús, y ese don viene con la responsabilidad de compartirlo con los demás. No importa la raza, el género o la situación económica, la responsabilidad de compartir ese don sigue siendo la misma.
Su misión (Isa. 61: 1-2)
Jesús vino a este mundo por amor. Vino para salvar, perdonar y servir. Jesús fue enviado para vendar a los de corazón quebrantado, para proclamar la libertad de los cautivos y para liberar a los prisioneros de la cárcel de las tinieblas (Isa. 61: 1-2). Su misión era proclamar que el reino de los cielos se había acercado (Mat. 10: 7-8). Cuando Jesús salva a alguien, redime todos los aspectos de la vida de esa persona. Salvar y transformar eran aspectos de su misión igualmente importantes, sin importar que la persona estuviera enferma, fuera pobre o pecadora, o cualquiera que fuera su condición. El hizo todo eso movido por el amor que fluía del Padre y eso es lo que a veces es difícil de entender.
¿Cómo es que un Dios todopoderoso me puede amar? ¿Cómo es que él, que creó el universo, se preocupa por mí y por mi salvación? Dios envió a su Hijo a la tierra con una misión. Dios quiere que entiendas que él te ama y que haría cualquier cosa para que seas salvo. Él dice: «Vengan, vamos a discutir este asunto. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve; aunque sean como tela teñida de púrpura, yo los dejaré blancos como la lana» (Isa. l: 18). Jesús vino a sanarnos física y espiritualmente. El vino para sanarnos y liberarnos de nuestra esclavitud física y espiritual. Jesús vino a servir.
Jesús sana (Mat. 12: 15-21)
Estar enfermo no solo es difícil para el paciente, sino que también es costoso. En muchos países, únicamente aquellos que tienen un buen seguro o mucho dinero pueden pagar una atención médica adecuada; el resto tiene que superar a solas la enfermedad. Jesús sanó a la gente sin importarle si tenían dinero o seguro. Todo lo que a Jesús le importaba era su fe: si tenían fe en que podía sanarlos, los sanaba. Ese fue el caso del centurión relatado en Mateo 8: 5-13.
Aquel centurión fue a pedirle a Jesús que sanara a su siervo, y cuando Jesús le preguntó si debía ir a su casa para hacer el milagro, el centurión respondió: «Señor, yo no merezco. que entres en mi casa; solamente da la orden, y mi criado quedará sano» (Mat. 8: 8). El centurión tenía fe en Jesús y fue recompensado por su confianza.
Dios quiere que entiendas que él te ama y que haría cualquier cosa para que seas salvo.
Jesús también sanó a un hombre que había nacido ciego (juan 9). La gente creía que su ceguera era una consecuencia de los pecados de sus padres. Jesús lo sanó y luego le preguntó si creía en el Hijo del Hombre. «’Señor, dime quién es, para que yo crea en él». Jesús le contestó: «Ya lo has visto: soy yo, con quien estás hablando». Entonces, el hombre se puso de rodillas delante de Jesús, y le dijo: «Creo, Señor»» (w. 36-38). Dios sanó a personas que confiaban en su poder.
La cruz de Cristo (Isa. 53: 3-6)
Jesús vino a ayudar a los necesitados, e Isaías 53: 3-6 describe lo que soportó para ayudarlos: fue despreciado y rechazado; asumió nuestro dolor y sufrimiento para que nosotros no tuviéramos que hacerlo. «Fue traspasado a causa de nuestra rebeldía, fue atormentado a causa de nuestras maldades; el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud» (v. 5). ¿Cómo pueden esas heridas curarnos? ¿Cómo puede surgir la salvación del sufrimiento de otra persona? Su sacrificio nos salva porque vivió una vida sin pecado.
Jesús nos mostró que la salvación es para todos aquellos que creen y para los que aceptan su cruz. Cuando Jesús ascendió al cielo, nos encomendó una tarea: «Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin» (Mat. 24: 14). Su misión era hablar a todos del reino de su Padre, y lo hizo sirviendo a los demás. Jesús fue tentado, herido y crucificado por toda la raza humana para que todos seamos salvos. Ahora nos toca asumir esa misión y, como Simón de Cirene, llevar la cruz para hablar a otras personas acerca de su segunda venida. Razonemos juntos y humillémonos con el fin de prepararnos para su venida.
PARA COMENTAR
- ¿Por qué en ocasiones limitamos el circulo de personas a las que ayudamos?
- ¿Cómo podemos llevar a cabo la misión de Jesús en la sociedad moderna?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2019.
3er trimestre 2019 “Servir a los necesitados”
Lección 7: «Jesus y los pobres»
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
