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Lección E. Sabática Universitarios 2019

LOGOS – ESPERANZA ANTE LAS PÉRDIDAS

La vida está llena de pérdidas

Desde la Caída, las familias se han visto afectadas por todo tipo de pérdidas: relaciones sentimentales que se han roto, personas que han muerto, amigos que se han ido a otros lugares, hemos sido despedidos de nuestros empleos, o quizá hemos recibido diagnósticos médicos que han quebrantado nuestra fuerza. Si bien nuestras pérdidas pueden ser colectivas, los efectos son siempre personales. El dolor y el lamento hemos de pasarlos individualmente.

El duelo es la respuesta natural a cualquier tipo de pérdida. La forma en que el dolor nos afecta depende de muchas cosas, incluyendo el tipo de pérdida que hayamos sufrido, nuestra educación, nuestras creencias, nuestra edad, nuestras relaciones y nuestra salud física y emocional. Es cierto que lidiar con una pérdida es de lo más difícil de la vida. Las consecuencias físicas, emocionales, sicológicas y espirituales pueden ser abrumadoras y crear sentimientos de impotencia, temor y aislamiento. En nuestra etapa de dolor, Satanás procurará encontrar oportunidades para sumirnos, a nosotros o a nuestras familias, en una esclavitud permanente. Sin embargo, si bien la aflicción es inevitable, no existe un proceso o un tiempo determinados para superarla.

El dolor es tan complicado como el pecado mismo. Existen muchos factores que influyen en la forma en que sufrimos: las normas culturales y las prácticas religiosas a veces dictan e impactan la manera en que se supone que hemos de lamentarnos. Cualquiera que sea la dinámica, el duelo es extremadamente importante, porque nos permite cambiar Y adaptar el vínculo que hemos tenido con la persona, el objeto o la experiencia perdidos, para entrar en una renovada normalidad. Naturalmente, lloraremos porque Dios nos ha creado con una especie de instinto de autoconservación. Sin embargo, un duelo saludable proveerá una conclusión a nuestra etapa de dolor profundo.

Hablando de perder a un ser querido, Pablo declara: «Hermanos, no queremos que se queden sin saber lo que pasa con los muertos, para que ustedes no se entristezcan corno los otros, los que no tienen esperanza» (1 Tes. 4: 13). De una manera excelente, el apóstol Pablo aborda el duelo y la esperanza simultáneamente. De hecho, los cristianos podernos enfrentar toda pérdida con la esperanza que nos da la promesa de nuestro Señor Jesús de que los que lloran serán consolados (Mat. 5: 4).

Creemos que Dios, en su gran amor por su creación, ha dado respuestas a algunas de las mayores interrogantes que nos asaltan. Esa comprensión puede ayudarnos a enfrentar mejor toda pérdida en nuestra vida. Podemos asimismo encontrar un gran consuelo en las próximas secciones de esta lección.

No podemos prevenir las pérdidas, aunque tampoco necesitamos enfrentarlas a solas

Pablo no dijo que no debemos llorar por nuestras pérdidas. Es normal y saludable llorar cuando experimentamos alguna pérdida. Sin embargo, ¿no es reconfortante saber que no necesitamos retorcernos solos en nuestro dolor? «El Señor tiene gracia especial para los que lloran, y hay en ella poder para enternecer los corazones y ganar a las almas. Su amor se abre paso en el alma herida y afligida, y se convierte en bálsamo curativo para el mundo».’ Los que verdaderamente creen y leen la Biblia pueden con confianza reclamar sus promesas (Sal. 147: 3; 2 Cor. l: 3-4). Podemos entregarle nuestro dolor porque él se preocupa por nosotros y porque nunca estaremos solos.

LOS MEJORES CONSOLADORES SON AQUELLOS QUE HAN PODIDO CONSOLARSE A SÍ MISMOS.

El dolor por nuestras pérdidas es fuerte, pero nos forma el carácter

El impacto emocional, físico y sicológico de cada pérdida puede ser tan intenso que parecería que el peso nos aplasta. No solo necesitarnos esperanza, también ayuda. Pablo nos asegura que seremos ayudados: «Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos también consolar a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros» (2 Cor. 1: 4). En su libro Blessings, Mary Craig afirma: «El valor del sufrimiento no reside en el dolor que causal [ …] sino en lo que el doliente hace de eso [ …]. Es en el dolor que descubrimos las cosas que realmente importan; es en el dolor que nos descubrimos a nosotros mismos».’ Y en un sentido real, nuestro dolor nos introduce en una nueva comunidad, una comunidad de personas sensibles que saben consolar a otros.

El sufrimiento y el dolor cesarán un día

Una de las cosas más difíciles de aceptar durante la etapa inicial del duelo es que un día el dolor físico y emocional desaparecerán. No importa cuántas pérdidas hayamos experimentado, siempre nos enfrentaremos otra vez con esos sentimientos Y emociones. La realidad es que nunca en esta vida podremos superar por completo las pérdidas; porque no fuimos creados para eso. El dolor, el sufrimiento y la muerte son intrusos. Nunca formaron parte del plan de Dios. Que no se turben nuestros corazones. La Biblia predice un futuro en el que Dios secará todas las lágrimas, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir (Apoc. 21: 4).

PARA COMENTAR

  1. ¿Qué pérdida te parece la más difícil de todas?
  2. ¿De qué forma una pérdida personal te ha revelado que las promesas de Dios son válidas?
  3. ¿De qué manera has podido identificar un propósito para tu pérdida?
  4. Un día nuestro dolor se convertirá en gozo. ¿Puedes visualizar cómo será ese día?

#EscuelaSabaticaUniversitarios
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#RadioJovenAdventista

Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 9: «Cuando llegan las perdidas«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo

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