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Lección E. Sabática Universitarios 2019

LOGOS – EL SÁBADO: UN DÍA DE LIBERTAD

Históricamente, la interpretación del sábado se ha centrado en sus dimensiones temporales y legales. Pero ¿existe alguna relación entre el sábado y la obra de justicia social? Esta semana, daremos un vistazo a lo que la Biblia dice respecto a la libertad y a su relación con el sábado.

El sábado, un día de dignidad

La observancia del sábado, aun en nuestro mundo asolado por el pecado, ofrece una visión radical a la sociedad. El mandamiento del sábado encontrado en Éxodo 20: 8-11 y en Deuteronomio 5: 12-15 se aplica a toda la humanidad. «No hagas ningún trabajo en ese día, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el extranjero que vive en tus ciudades, para que tu esclavo y tu esclava descansen igual que tú» (Deut. 5: 14). El sábado no es únicamente para el creyente, o para los ciudadanos de determinado país, ¡ni siquiera es únicamente para los seres humanos!

En la ley revelada a Moisés en el Monte Sinaí, Dios también otorgó a los israelitas un año sabático (shmita, en hebreo). Cada siete años, debían liberar al prójimo de toda deuda y liberar a quienes se habían sometido a servidumbre a causa de sus deudas. Dios consoló a los israelitas con la promesa de que «el Señor tu Dios te bendecirá» al observar la shmita (Deut. 15: 6). Además, Dios ordenó a los hijos de Israel que dejaran descansar la tierra cada año sabático, después de seis años de cultivos (Lev. 25: 1-11). Pero ¿cómo, entonces, se suponía que debían alimentarse durante el año sabático? En forma sorprendente, Dios prometió que la tierra produciría «una cosecha suficiente para tres años» cada sexto año (Lev. 25: 20). Dios prometió más de lo que los israelitas podían esperar: proporcionó alimentos para el sexto año y para el séptimo año de descanso, así como para el primer año del siguiente ciclo de siete años cuando se sembraban nuevos cultivos. De manera parecida, Dios enviaba a los israelitas una doble porción de maná el sexto día de la semana, ya que el maná no caía el día sábado (Éxo. 16: 16-26).

El sábado ofrece libertad de las cargas del trabajo. Esa libertad otorgada divina-mente nos obliga a reconocer la dignidad y los valores de toda la raza humana; valores que están desapareciendo en el mundo actual. Además, al guardar tanto el sábado semanal como el año sabático, el pueblo de Dios reconoció que, en última instancia, todo proviene del Señor, no de nuestras obras. Cuando al guardar el sábado aceptamos el poder de Dios para suplir nuestras necesidades, nos protegemos contra la avaricia, el egoísmo y la inhumanidad.

El sábado, un día de identidad

Tal como hemos visto hasta aquí en la presente lección, el sábado es más que un día puesto aparte, en el que está prohibido hacer determinadas cosas. El sábado, como ningún otro día de la semana, es el que nos enseña a relacionarnos con Dios y

con los demás. Además, es un doble memorial: nos recuerda que hemos sido creados y redimidos por Dios, y de ahí derivamos nuestra identidad. Cuando recordamos el día de reposo, recordamos que Dios es nuestro Creador y nuestro Redentor (Éxo. 20: 11; Deut. 5: 15). Y saber que Dios es nuestro Padre nos ayuda a conocemos a nosotros mismos, porque nos hace ver que hemos sido creados con un propósito y redimidos para el servicio.

El sábado nos recuerda la libertad que conlleva conocer quién es Dios y cuál es su relación con nosotros. El ser humano procura conocer el significado de la existencia; tanto vacío y dolor existencial provienen de no saber las respuestas a ciertas preguntas. En el séptimo día, recordamos nuestros orígenes, nuestra condición actual, nuestra redención y todo lo que Cristo es para nosotros. El sábado nos recuerda que Dios suple nuestros deseos ontológicos más profundos.

Él quiere librarnos del cansancio del pecado.

El sábado, un día de sanidad

A lo largo de su ministerio, Jesús se esforzó por disipar los conceptos erróneos tradicionales acerca del sábado. Los dirigentes religiosos judíos acusaron a Jesús de violar el sábado en seis de los siete milagros que realizó durante ese día: la curación del paralítico en el estanque de Betesda (Juan 5: 1-13); el hombre con la mano seca (Mar. 3: 1-6; Luc. 6: 6-11); la mujer con el flujo de sangre (Luc. 13: 10-17); el hombre con hidropesía (Luc. 14: 1-6) y el ciego (Juan 9: 1-34). Al realizar esos milagros, Jesús reveló el verdadero significado del sábado como un día de sanidad.

En un mundo lleno de enfermedades, el sábado nos recuerda la oferta de libertad en Jesús. Él quiere librarnos de nuestras dolencias espirituales y físicas, de la esclavitud social que nubla el verdadero significado de su Palabra. Él quiere librarnos del cansancio del pecado.

El sábado, un día de libertad

Al recordar el séptimo día que Dios estableció como reposo, reconocemos que en última instancia dependemos únicamente de él para nuestro sustento espiritual, físico, social y mental. Jesús nos exhortó en el Sermón del Monte: «Así que no se preocupen, preguntándose: «¿Qué vamos a comer?» o «¿Qué vamos a beber?» o «¿Con qué vamos a vestirnos?»[ …] Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas» (Mat. 6: 31, 33).

El sábado es una experiencia de la verdadera libertad que surge de confiar únicamente en los méritos de Jesús que nos redimen, nos sostienen y nos enseñan a amarnos mutuamente.

PARA COMENTAR

  1. ¿Puedes pensar en otros pasajes bíblicos en los que el sábado ofrece liberación?
  2. Ahora que hemos estudiado algunos aspectos del sábado relacionados con la justicia social, ¿por qué y cómo crees que el sábado es relevante en tu cultura y para nuestra sociedad?

#EscuelaSabaticaUniversitarios
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#RadioJovenAdventista

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2019.
3er trimestre 2019 “Servir a los necesitados”
Lección 3: «El sabado: un dia de libertad»
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo

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