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Lección E. Sabática Universitarios 2019

Logos – El amor es una motivación

¿Hacerlo o no hacerlo?

¿Humanidades o ciencias? ¿Universidad o empezar a trabajar? Todos los días tenemos que tomar decisiones. Algunas son sencillas; otras, complejas. Un estudio realizado por la Universidad de Columbia, descubrió que, en promedio, tomamos más de setenta decisiones cada día: Eso significa que en una vida promedio de setenta años, tomaremos al menos un millón setecientas mil decisiones. Según pasamos de la adolescencia a la edad adulta, nuestras decisiones diarias pueden acercarnos a Dios o hacer que nos alejemos de él. Uno de los grandes errores que cometen los jóvenes es pensar que Dios no está interesado en nuestras decisiones. Él está muy interesado y desea que sepamos que se preocupa por nosotros.

¿Qué tiene que ver el amor con todo esto? (1 Cor. 13)

El verdadero amor no cambia; hagas lo que hagas, el amor permanece. El mejor ejemplo de este tipo de amor se mostró en el Calvario, cuando Jesús entregó su vida por todos nosotros, porque nos ama. ¿Qué impacto tiene entonces en nuestras decisiones diarias este tipo de amor? ¿Qué papel desempeña el amor? La respuesta es sencilla: el amor tiene todo que ver con todo.

Sabemos que Jesús es nuestro mejor modelo. Él vino en persona y nos mostró que es posible vivir una vida que agrade a Dios a pesar de lo que ofrece este mundo de pecado. Cuando convertimos a alguien en nuestro modelo, estudiamos todos sus actos, sus decisiones y motivaciones. Al leer los relatos de los Evangelios relacionados con las interacciones de Jesús con la gente, vemos que el amor era el motivo detrás de cada decisión. Quizás es por eso que Juan escribió en 1 Juan 4: 16: «Dios es amor».

Nos demos cuenta de ello o no, cada una de nuestras decisiones es impulsada por el amor: el amor a alguien o a algo. El amor de una madre es lo que la despierta a horas intempestivas de la noche para alimentar a su hijo lactante. El amor por el diseño gráfico es lo que motiva al alumno cuando otros sienten ganas de abandonar. En el fondo de toda decisión, grande o pequeña, está el amor: el amor a uno mismo, a Dios y a los demás. En nuestro conocimiento finito, actuamos basados en lo que «esperamos» que suceda tras nuestra decisión; pero si dejamos nuestras decisiones en manos de Dios confiando en que todo lo sabe, podemos quedarnos tranquilos.

Un amor no controlador (Mat. 22: 35-37; Efe. 1: 1-4; 2 Tim. 1: 8-9; Tito 1: 1-2)

Uno de los procesos más fascinantes es el desarrollo de un programa de software: observar una línea de código y ver luego el producto final de una aplicación como Facebook o Instagram. No se puede evitar maravillarse ante la capacidad de hacer que un programa haga exactamente lo que se desea. ¿Alguna vez te preguntaste por qué no hizo Dios lo mismo? ¿Por qué no nos programó para amarlo? ¿Por qué corrió el riesgo de otorgarnos el libre albedrío? La respuesta es muy sencilla: «Porque Dios tanto amó al mundo».

El amor de Dios por nosotros no depende de nuestra reciprocidad. Él nos ama y punto. Y es por eso que a cambio desea el mismo tipo de amor. El amor forzado no es amor en absoluto; es una violación de tus derechos básicos, y Dios no es dominante ni controlador. Dios no fuerza a nadie. El don del libre albedrío significa que, si amamos a Dios, es porque así lo deseamos, no porque no nos queda de otra.

No debemos rehuir tomar decisiones, aunque estemos confundidos o asustados.

Encrucijadas (Sal. 119: 105; Prov. 8: 11; 14: 12; Mat. 7: 24-25)

Hemos avanzado en el conocimiento a un ritmo increíble; sin embargo, todavía consideramos muy intimidante el proceso de tomar una decisión. ¡Si pudiéramos tomar un curso básico de Toma de decisiones como asignatura optativa en la universidad! A menudo rehuimos las decisiones importantes porque en el fondo sabemos que siempre hay un riesgo, por lo que asumimos que es mejor no decidir nada. Enterramos la cabeza en el suelo y esperamos que la decisión se realice por sí misma y que podamos navegar con la corriente. Como hijos de Dios, no debemos rehuir tomar decisiones, aunque estemos confundidos o asustados. Dios, en su amor y misericordia, nos urge a buscar la sabiduría de él y el consejo de los justos. Su don de sabiduría está libremente disponible para todos nosotros. Él nos guiará cuando así lo decidamos.

Cuando las cosas se ponen difíciles (Prov. 3: 5-6; 14: 12; Heb. 11: 24-26)

Moisés creció como el nieto del faraón de Egipto, con el esplendor de la vida de palacio, pero decidió dejarlo todo atrás para seguir el llamado de Dios. En la vida, seremos llamados a tomar decisiones difíciles que finalmente cambiarán el curso de nuestras vidas; pero siempre debemos recordar que el camino que parece fácil puede no ser necesariamente el correcto. Hubiera sido mucho más fácil para Moisés permanecer en el palacio y vivir una vida de ensueño. El camino que eligió, el correcto, fue mucho más difícil. La fuerza para tomar estas decisiones difíciles no llega a nuestras puertas envuelta en una caja. Surge del tiempo que pasamos buscando a Dios en su Palabra y en oración. Como seguidores de Cristo, podemos esperar momentos en nuestra vida en los que, al igual que Moisés, tengamos que tomar decisiones difíciles. Seremos llamados a escoger el camino que sabemos será más difícil, pero finalmente estaremos a la sombra de la voluntad de Dios, que es el lugar más seguro para estar en este mundo.

PARA COMENTAR

  1. ¿En qué otras formas ves a Jesús revelado en los primeros tres capítulos de Apocalipsis? ¿Qué rasgos de Jesús son revelados a las otras seis iglesias? ¿Por qué?
  2. Aplica a tu vida la experiencia de Juan en Patmos. ¿Qué lecciones puedes sacar respecto a confiar en el Señor en situaciones difíciles?

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