«Lo mejor es dejarlos crecer juntos hasta la cosecha; entonces mandaré a los que han de recogerla que recojan primero la mala hierba y la aten en manojos, para quemarla, y que después guarden el trigo en mi granero»». Mateo 13: 30, DHH
LA PALABRA DE DIOS nos enseña que los que sigan las pisadas del hombre del Calvario en estos últimos días tendrán que avanzar con enormes dificultades, porque «el diablo, sabiendo que le queda poco tiempo» para actuar «ha bajado contra ustedes lleno de furor» (Apoc 12: 12, DHH). […]
Desde la caída de Satanás se viene desarrollando un durísimo enfrentamiento entre la verdad y la error. El ser, que ahora se dedica en forma tan persistente a sembrar la semilla del error, ocupaba en las cortes celestiales uno de los puestos más encumbrados. Pero no se sentía satisfecho; así que se propuso alcanzar mayor gloria, y se empeñó en llevar adelante sus ambiciosos proyectos, hasta que «hubo una guerra en el cielo» (Apoc. 12: 7).
Satanás, y aquellos a quienes había seducido y que lucharon con él, fueron expulsados del cielo; pero el Gran Conflicto continuó sobre la tierra. A través de las edades Satanás viene actuando por medio de seres humanos que han apostatado «de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios» (1 Tm. 4: 1). Cristo enseñó a sus discípulos cómo enfrentar las artimañas de Satanás y sus secuaces. El Salvador presentó bajo diversos símbolos la obra de extender su reino de verdad y justicia por todo el mundo. Mediante la enseñanza de la verdad es como debemos derrotar los diabólicos planes. Cristo lo ilustró con la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13).
La enseñanza de esa parábola ilustra la forma como Dios trata a los seres humanos y a los ángeles. Satanás es el gran embaucador. Cuando se rebeló en el cielo, ni siquiera los ángeles leales alcanzaron a discernir plenamente su carácter. De ahí que Dios no lo destruyera de inmediato. Si lo hubiera hecho, los ángeles santos no habrían podido comprender la justicia y el amor de Dios. Una duda acerca de la bondad divina habría sido como semilla del mal que habría producido amargo fruto de pecado y miseria. Por lo tanto no se des al autor del pecado, a fin de que desarrollara plenamente su carácter.
Durante milenios Dios ha tenido que soportar la angustia de contemplar la obra del mal. Antes de permitir que alguien pudiera ser engañado por las falsas manifestaciones del malvado, otorgó el don infinito del Calvario, porque las malezas no pueden ser arrancadas sin peligro de desarraigar el precioso grano. ¿No debiéramos nosotros ser tan tolerantes hacia nuestros prójimos como el Señor del cielo lo es hacia Satanás?
La enseñanza que encierra esa parábola de Cristo no es de condenación y juicio hacia Otros, sino de humildad y desconfianza de nosotros mismos. — Carta 86, 4 de marzo de 1907, dirigida «A nuestras iglesias en las grandes ciudades».
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“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
