«Quiero decir, que cada uno de vosotros dice. Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo »
1 Corintios 1: 12.
Los seres humanos se identifican con ciertas personas que les son afines o quizá les hacen un bien significativo que los deja marcados en alguna parte de su vida. En otras ocasiones, sencillamente se solidarizan con algún dolor, pérdida o ganancia compartida. También pudo haber sido el caso en el que algunos maestros jugaron un papel importante en la formación de los que han pasado por un aula de clases. Puede que hayan llegado a tenerles un aprecio tan especial que, en ocasiones, los creyeron padres sustitutos, mentores o consejeros de la vida.
Lo cierto es que algunas personas marcan significativamente a los demás para bien o para mal. En el tiempo de Pablo, las cosas no eran muy diferentes. A Pablo, contemporáneo de Pedro, Santiago, Apolos y algunos otros apóstoles, le tocó administrar a la iglesia en los asuntos espirituales en diferentes momentos. Por supuesto, los miembros podían escuchar a los apóstoles mientras exponían sobre la Palabra o daban consejos en diferentes circunstancias, por lo que muchos de los miembros se identificaron con alguno de ellos.
Esto empezó a ocasionar un tipo de identificación grupal, llegando a crear divisiones entre la iglesia. Era común escuchar decir: «¿Quién te bautizó? ¿Quién es tu líder?». Las respuestas eran variadas, algunos decían que eran de Pedro y otros que eran de Pablo o Apolos. A la hora de trabajar o de llevar a cabo algún proyecto, algunos no participaban, pues no se iban a sentir parte de un proyecto que no iba a ser llevado a cabo por su líder. Pablo, con la visión clara de lo que era la iglesia, los amonestó diciendo: «¿Acaso está dividido Cristo?». No importa quién te bautizó ni tampoco con qué líder te identifiques, porque lo importante es que seas de Cristo.
Apolos plantó, Pedro regó y Pablo cosechó, pero el crecimiento lo dio Dios. En la iglesia no importa quién te da el mensaje, porque quien te salva es Jesús. Por supuesto, esto no impide que puedas apreciar al líder y llegarlo a considerar como un padre espiritual.
En la iglesia, todos cumplen una parte del ministerio logrando un objetivo común: la predicación del evangelio para la salvación de las almas. Aun así, el Señor desea que la iglesia entera esté unida en propósito, sin importar el origen del conocimiento de la Palabra de Dios. Una vez en la iglesia, todos son uno en Cristo Jesús.
Lo importante en el liderazgo es dejar que Jesús brille a través de ti, que los pecadores reconozcan que Jesús es el Señor de tu vida y que es tu Salvador, porque todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
