Hechos 4: 1-22
«Pero Pedro y Juan les contestaron: «Juzguen ustedes mismos si es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en lugar de obedecerlo a él. Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído»>>. Hechos 4: 19, 20, DHH
El día siguiente al de la curación del cojo (ver Hechos 3) Anás y Caifás, con los otros dignatarios del templo, se reunieron para juzgar la causa, y los presos [Pedro y Juan] fueron traídos delante de ellos. En aquel mismo lugar, y en presencia de algunos de aquellos hombres, Pedro había negado vergonzosamente a su Señor. De esto se acordó muy bien al comparecer en juicio. Entonces se le proporcionó la ocasión para redimir su cobardía.
Pero el Pedro que negó a Cristo en la hora de su más apremiante necesidad era impulsivo y confiado en sí mismo, muy diferente del Pedro que comparecía en juicio ante el Sanedrín. Después de su caída se había convertido. Ya no era orgulloso y arrogante, sino modesto y desconfiado de sí mismo. Estaba lleno del Espíritu Santo, y con la ayuda de este poder decidió lavar la mancha de su apostasía honrando el Nombre que una vez había negado.
El principio que los discípulos sostuvieron valientemente cuando, en respuesta a la orden de no hablar más en el nombre de Jesús, declararon: «Juzguen ustedes si es justo delante de Dios obedecerles a ustedes antes que a Dios» (Hechos. 4: 19, RVA 15), es el mismo que los adherentes del evangelio lucharon por mantener en los días de la Reforma.
En nuestros días debemos sostener firmemente este principio. El estandarte de la verdad y de la libertad religiosa sostenido en alto por los fundadores de la iglesia evangélica y por los testigos de Dios durante los siglos que desde entonces han pasado, ha sido, para este último conflicto, confiado a nuestras manos. [..] Debemos reconocer los gobiernos humanos como instituciones ordenadas por Dios mismo, y enseñar la obediencia a ellos como un deber sagrado, dentro de su legítima esfera. Pero cuando sus demandas estén en pugna con las de Dios, debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. La palabra de Dios debe ser reconocida sobre toda legislación humana. Un <<así dice Jehová» no ha de ser puesto a un lado por un «así dice la Iglesia» o un <<así dice el Estado». La corona de Cristo ha de ser elevada por sobre las diademas de los potentados terrenales.— Los hechos de los apóstoles, cap. 6, pp. 49, 52, 53.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
