El hecho de que Dios demande reverencia y adoración por sobre los dioses paganos se funda en que él es el Creador, y que todas las demás criaturas le deben a él su existencia. Así lo presenta la Biblia. Dice el profeta Jeremías: «Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno: … los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos. El que hizo la tierra con su potencia, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su prudencia… Todo hombre se embrutece y le falta ciencia; avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor; porque mentira es su obra de fundición, y no hay espíritu en ellos; vanidad son, obras de escarnios: en el tiempo de su visitación perecerán. No es como ellos la suerte de Jacob: porque él es el Hacedor de todo». Jeremías 10:10-16.
El sábado, como recordatorio del poder creador de Dios, le señala a él como Hacedor de los cielos y de la tierra. Por lo tanto, es un testimonio perpetuo de su existencia, y un recuerdo de su grandeza, su sabiduría y su amor. Si el sábado se hubiera santificado siempre, jamás habría podido haber ateos ni idolatras (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 348, 349).
[La] la iglesia es el santuario para la congregación… Nada de lo que es sagrado, nada de lo que pertenece al culto de Dios, debe ser tratado con descuido e indiferencia. A fin de que los hombres puedan tributar mejor las alabanzas a Dios, su asociación debe ser tal que mantenga en su mente una distinción entre lo sagrado y lo común. Los que tienen ideas amplias, pensamientos y aspiraciones nobles, son los que sostienen entre si relaciones que fortalecen todos los pensamientos de las cosas divinas. Felices son los que tienen un santuario, sea alto o humilde, en la ciudad o entre las escarpadas cuevas de la montaña, en la humilde choza o en el desierto. Si es lo mejor que pueden obtener para el Maestro, el santificará ese lugar con su presencia, y será santo para el Señor de los ejércitos (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 464).
Aquí se declara la misma verdad que Jesús había revelado a Nicodemo cuando dijo: «A menos que el hombre naciere de lo alto, no puede ver el reino de Dios». Juan 3:3… La religión que proviene de Dios es la única que conducirá a Dios. A fin de servir [a Dios] debidamente, debemos nacer del Espíritu divino. Esto purificara el corazón y renovara la mente, dándonos una nueva capacidad para conocer y amar a Dios. Nos inspirara una obediencia voluntaria a todos sus requerimientos. Tal es el verdadero culto. Es el fruto de la obra del Espíritu Santo. Por el Espíritu es formulada toda oración sincera, y una oración tal es aceptable para Dios. Siempre que un alma anhela a Dios, se manifiesta la obra del Espíritu, y Dios se revelara a esa alma. El busca adoradores tales. Espera para recibirlos y hacerlos sus hijos e hijas (El Deseado de todas las gentes, pp. 159, 160).
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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
1er. Trimestre 2024 «EL LIBRO DE SALMOS»
Lección 10: «LECCIONES DEL PASADO»
Colaboradores: Jeser Alejandro Tique y Esther Jiménez
