Parte 2
La obediencia a la ley—El mismo poder que sostiene la naturaleza, obra también en el hombre. Las mismas grandes leyes que guían igualmente a la estrella y al átomo, rigen la vida humana. Las leyes que gobiernan la acción del corazón para regular la salida de la corriente de vida al cuerpo, son las leyes de la poderosa Inteligencia que tiene la jurisdicción del alma. De esa Inteligencia procede toda la vida. Únicamente en armonía con ella se puede hallar su verdadera esfera de acción. La condición para todos los objetos de su creación, es la misma: una vida sostenida por la vida que se recibe de Dios, una vida que esté en armonía con la voluntad del Creador. Transgredir su ley, física, mental, o moral, significa perder la armonía con el universo, introducir discordia, anarquía y ruina.
Toda la naturaleza se ilumina para aquel que aprende así a interpretar sus enseñanzas; el mundo es un libro de texto; la vida, una escuela. La unidad del hombre con la naturaleza y con Dios, el dominio universal de la ley, los resultados de la transgresión, no pueden dejar de hacer impresión en la mente y modelar el carácter. Estas son las lecciones que nuestros niños deben aprender.—La Educación, 95, 96.
Otras lecciones de las leyes de la naturaleza—Al cultivar la tierra, el trabajador reflexivo descubrirá que se abren ante él tesoros jamás soñados. Nadie puede tener éxito en los trabajos agrícolas o de la huerta si no presta atención a las leyes que entrañan. Es necesario estudiar las necesidades especiales de cada variedad de plantas. Las diversas variedades requieren terreno y cultivo diferentes, y la condición del éxito es la obediencia a las leyes que rigen a cada una. La atención requerida al trasplantar, para que no se cambien de lugar ni amontonen siquiera las raíces más finas, el cuidado de las plantas tiernas, la poda y el riego; la protección contra la helada de la noche y el sol durante el día, el cuidado de mantener alejadas las malas hierbas, las enfermedades y las plagas de insectos, el arreglo de las plantas, no sólo enseñan lecciones importantes en cuanto al desarrollo del carácter, sino que el trabajo mismo es un medio de desarrollo. Al desarrollar el cuidado, la paciencia, la atención a los detalles, la obediencia a la ley, se obtiene una educación esencial. El contacto constante con el misterio de la vida y el encanto de la naturaleza, así como la ternura necesaria para cuidar esos hermosos objetos de la creación de Dios, tienden a vivificar la mente y refinar y elevar el carácter, y las lecciones aprendidas preparan al trabajador para tratar con más éxito con otras mentes.—La Educación, 107, 108.
Lecciones de la siembra—La parábola del sembrador y de la simiente encierra una profunda lección espiritual. La simiente representa los principios sembrados en el corazón, y su crecimiento, el desarrollo del carácter. Haced práctica la enseñanza de este punto. Los niños pueden preparar el suelo y sembrar la simiente; y mientras trabajan, los padres o maestros pueden explicarles cómo es el jardín del corazón, y la buena o mala semilla que se siembra en él; que así como el jardín debe ser preparado para la semilla natural, el corazón también debe serlo para la semilla de la verdad. A medida que crece la planta, puede continuarse con la relación entre la siembra natural y la espiritual.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 109, 110.
Al esparcir la semilla en el suelo, pueden enseñar la lección de la muerte de Cristo, y al brotar la hierba, la verdad de la resurrección.— La Educación, 106, 107.
El huerto del corazón necesita cultivo—Continuamente se pueden aprender lecciones del cultivo del suelo. Nadie se establece en un pedazo de tierra inculta con la esperanza de que dé inmediatamente una cosecha. Se debe hacer una labor diligente, perseverante, en la preparación del suelo, la siembra de la semilla, y el cultivo de las mieses Igual debe ser el proceder en la siembra espiritual.
Debe cultivarse el jardín del corazón. La tierra debe ser roturada por el arrepentimiento. Deben sacarse de raíz las malas hierbas que ahogan el grano sembrado. Así como se requiere un trabajo diligente para limpiar un campo que se ha llenado de abrojos, sólo se pueden vencer las malas tendencias del corazón por medio de esfuerzos fervientes hechos en el nombre y el poder de Cristo.—La Educación, 107
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CONDUCCIÓN DEL NIÑO
SECCIÓN #2 *Los Métodos y los Textos*
Capítulo 7:“LECCIONES PRÁCTICAS DEL LIBRO DE LA NATURALEZA”
Por: Elena G De White
Colaboradores: América Lara & Adriana Jiménez
