sábado , 3 octubre 2026
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Matinal De Damas 2026

«LAZOS MAYORES QUE LOS DE SANGRE»

«»¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?», respondió Jesús. «Cualquiera que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre»»

Marcos 3: 33, 35.

A menudo, los cambios que se producen en las familias vienen seguidos de tensiones. Por ejemplo, cuando nace un hijo, hay que hacer ajustes de tiempo y prioridades, y se producen tensiones en el matrimonio. A medida que crecen, los desafíos aumentan, creando aún más tensiones. En otras etapas se producen reveses conyugales, diferencias entre hermanos, malentendidos con los padres, peculiaridades difíciles de entender en la familia extensa (suegros, cuñados, sobrinos, etc.). Es cierto que la familia es fuente de alegrías, pero ninguna está exenta de conflictos. Y la familia de Jesús no fue la excepción.

Los hermanos de Jesús se avergonzaban de él; incluso llegaron a llamarlo «loco». Él se fue a vivir con personas con las cuales se sentía más a gusto. Cierta vez, rodeado por una multitud, alguien le avisó de que su madre y sus hermanos querían verlo. En el versículo de hoy está la respuesta que les dio Jesús. Para su familia, sus palabras pudieron sonar despectivas, en especial para su madre. Recordemos la historia de la madre de Jesús.

Siendo aún muy joven, María había recibido la visita de un ángel que le anunció que sería la madre del Mesías. ¿Estaba ella libre de enfrentar las tensiones que enfrentamos nosotras con nuestros familiares? Yo creo que el cambio que ella enfrentó fue mayor aún que el nuestro. Necesitó aprender a relacionarse con su hijo no como alguien con quien tenía solo lazos de sangre, sino como Dios mismo. Y de la función de madre necesitó pasar a la función de seguidora y discípula.

Muchas veces, asumimos funciones que no nos pertenecen. Queremos jugar a Dios y resolver los problemas cambiando a los demás, controlando situaciones que están fuera de nuestro control… Cuando no lo conseguimos, nos frustramos. ¿Sabes qué? No es esa la función que el Cielo nos ha dado. Una cosa es ser madre y cumplir el papel de cuidadoras de nuestros seres queridos; otra cosa es no ser capaces de reconocer nuestros límites en algunas situaciones o de ver a nuestros amados como lo que son: hijos de Dios. La solución a ciertos problemas de nuestros hijos le compete al Padre celestial, no a nosotras. Nuestro compromiso con él nos dará sabiduría para interactuar de manera equilibrada y asertiva. A veces, es necesario que los dejemos, que no resolvamos sus problemas, que no los libremos de las consecuencias de sus actos. María aprendió la lección, colocando su relación con Dios por encima de su relación familiar.

Aprende a dejar en manos de Dios lo que no está en las tuyas y a reafirmar diariamente tu relación con él por encima de la relación con tus lazos de sangre.

 

Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.

 

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