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Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Juan 10:16, NVI.
Un domingo me senté afuera de un templo lleno a escuchar el sermón del pastor. Estaba esperando que terminara el servicio para presentarle mis libros a los miembros de iglesia cuando salieran: una costumbre común en algunas partes del mundo. Mientras esperaba, una mujer llegó y se sentó a mi lado, porque tampoco pudo encontrar lugar dentro de la iglesia. Se llamaba Daw Tin Win Nyunt y era una devota miembro de iglesia.
Me di cuenta de que estaba interesada en la verdad de la Biblia porque escuchaba atentamente el sermón y copiaba todos los textos bíblicos. En un momento apropiado me presenté y le hablé de mis libros. Se interesó, y comenzó a mirarlos uno por uno. Dentro de la iglesia las personas estaban cantando, dando testimonios, y escuchando el mensaje: pero Daw Tin Win Nyunt estaba afuera, y el Espíritu Santo la estaba impulsando comprar algunos libros. Sin embargo, ella solamente tenía el dinero de la ofrenda, así que preguntó si podía hacer algún tipo de arreglo. Acepté, le preparé un recibo y decidimos una fecha para ir a buscar el dinero.
En esa fecha fui a la casa de Daw Tin Win Nyunt y hablamos de varias verdades bíblicas en detalle. Me hizo muchas preguntas inteligentes. A causa del tiempo limitado que yo tenía, no pude volver a visitarla muchas veces, pero el presidente de la Misión hizo arreglos para que el asistente del pastor la visitara y le diera estudios bíblicos. Ella estudió la Biblia con ansias y a su tiempo fue bautizada. Luego convenció a su hijo y a su nieta de que estudiaran la Biblia, y ellos también aceptaron el mensaje. Hoy todos los miembros de su familia se han convertido en adventistas del séptimo día, excepto su esposo que está en Canadá. Ella está ansiosa por compartir su nueva fe con él también.
Como su iglesia no tenía suficientes asientos disponibles adentro ese domingo de mañana, esta mujer encontró lo que realmente quería afuera. Ahora ella ocupa un asiento en la iglesia remanente de Dios. Jesús dijo: «Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también… ellas escucharán mi voz». ¡Alabo a Dios porque realmente escuchan!
San Khin. Myanmar
Tomado de: Meditaciones Matinales para Colportores 2015
Encuentros con la gracia de Dios
