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La Oración

Las oraciones secas y áridas no ayudan a nadie

La iglesia necesita la experiencia viva y fresca de los miembros que gozan de comunión habitual con Dios. Las oraciones y los testimonios áridos y rutinarios, exentos de la manifestación de Cristo en ellos, no son de ayuda para la gente. Si cada uno que pretende ser hijo de Dios estuviera lleno de fe, de luz y de vida, ¡qué admirable testimonio se daría a los que acuden a oír la verdad! Y ¡cuántas almas podrían ganarse para Cristo!—Servicio Cristiano Eficaz, 263.

Todos los tesoros del cielo fueron confiados a Jesucristo, a fin de que impartiese estos preciosos dones a los que los buscasen con diligencia y perseverancia. Él nos es hecho “sabiduría, justificación, santificación y redención”. 1 Corintios 1:30. Pero las oraciones de muchos están tan cargadas de formalidad que no ejercen influencia alguna para el bien. No son un sabor de vida. Si los maestros quisiesen humillar sus corazones delante de Dios, y comprender las responsabilidades que han aceptado al encargarse de los jóvenes con el objeto de educarlos para la vida inmortal futura, se vería en su actitud un cambio notable. Sus oraciones no serían áridas y sin vida, sino que orarían con el fervor de las almas que sienten su peligro.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos acerca de la Educación Cristiana, 357.

“Advertencia contra oraciones cuyo centro es el yo ”

Nuestras peticiones a Dios no debieran proceder de corazones llenos de aspiraciones egoístas. Dios nos exhorta a elegir los dones que redundarán para su gloria. Desea que elijamos lo celestial en lugar de lo terreno. Pone de manifiesto ante nosotros las posibilidades y ventajas de un intercambio celestial. Anima nuestros propósitos más elevados, y da seguridad a nuestro tesoro más preciado. Cuando se dejen de lado las posesiones mundanales, el creyente se regocijará en su tesoro celestial, las riquezas que no se pueden perder en ningún desastre terrenal.—Hijos e Hijas de Dios, 190.

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LA ORACIÓN
   CAPÍTULO 26- “ORACIONES FALSAS ”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara

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