«Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume»
Lucas 7:38.
Las evidencias sugieren que María de Magdala era la hermana de Marta y Lázaro. No conocemos las circunstancias de su vida familiar, pero es identificada como la mujer inducida al pecado por Simón.
Sus conflictos con el libertinaje pueden simbolizar las tentaciones a pecar que muchas mujeres enfrentan hoy.
Entre desear ser pura y ceder a los deseos carnales, debe de haber elevado a Dios oraciones desesperadas, como por ejemplo esta:
<<¡Oh, Dios! Solo tú eres capaz de librarme de este demonio que me atormenta el alma y el espíritu, ahuyenta mi alegría y me roba la paz. ¡lmploro misericordia! ¿Hasta cuándo, Dios? Sé que eres mucho más fuerte que mis a debilidades y que me darás la victoria. Mi mente es un cuadrilátero donde tú y Satanás luchan por el control. Cuando cedo al enemigo, siento el placer colorido y apasionante, pero después viene el gusto amargo de la derrota, de la culpa, del miedo, de.la vergüenza. Cuando cedo a ti, siento la ausencia del pecado, y después, el gusto indescriptible de la paz, de la conciencia tranquila, de la victoria sobre mi yo y la recuperación de mi valor. Dios, ayúdame a luchar valientemente por ti. Nunca permitas que justifique mis errores, ni que reduzca su tamaño: permite que los vea del tamaño que son. ¡Sálvame de mí misma! ¡Que pueda honrarte y serte fiel! ¡Gracias por no verme como soy, sino como puedo llegar a ser! ¡Amén!».
Ella reconoció su condición, fue perdonada y transformada. Entonces podía orar así:
«Gracias, Señor, por la paz que busqué y encontré. No es fácil hacer tu voluntad. Es como cortar un pedazo podrido y maloliente de mi propia carne para ser trasplantada con tu naturaleza pura e inmaculada. Eso duele, pero el alivio que sobreviene es indescriptible, mucho mayor que el placer del pecado. ¡Consérva me en esa paz! Y que, en cada tentación, ¡te elija a ti, y sea fiel solo a ti! ¡Amén!».
Antes de la crucifixión de Jesús, María Magdalena lo ungió en el banquete de la casa de Simón. Llena de gratitud, «fue la última en alejarse de su sepulcro y la primera a quien él saludó en la mañana de la resurrección» Elena G. de White, El discurso maestro de Jesucristo, pág. 119.
¿Deseas ser purificada como lo fue María Magdalena? Clama a Dios con total convicción. ¡Tus súplicas serán atendidas también!
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
