«El perímetro total de la ciudad tendrá una extensión de nueve kilómetros con seiscientos metros y desde ese día, el nombre de la ciudad será: «El Señor está allí»». Ezequiel 48:35.
¿Ya estamos legando? Todavía estamos en nuestra ciudad era nuevamente la paciente respuesta de mi papá. Hoy son mis hijos quienes hacen preguntas cuando salimos de viaje en automóvil.
Los límites de una ciudad están marcados por carteles, y así es como sabemos dónde comienza y termina un lugar.
Las ciudades, los estados y los paìses tienen fronteras. Algunos de esos lugares piden autorización antes de atravesar los límites.
La ciudad celestial tendrá también un espacio determinado, es decir, límites. Dentro de ese espacio, encontraremos caminos de oro, animales de todos los tamaños, personas de diferentes épocas, plantas de todo tipo y, lo más importante, el amor de Dios iluminando todo a su alrededor.
¿Acaso necesitarás un pasaporte para entrar en esa ciudad? ¡No! Solo necesitas aceptar el amor sin límites que Jesús tiene por la humanidad.
Mi oración: Señor, quiero conocer cada rincón de la ciudad celestial.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2025.
“PALABRITAS DEL CORAZÓN”
Por: «SARAH SUZANE BERTOLLI & ROGERIO CHIMELLO »
Colaboradores: Liseth Orduz y Karla González
