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Notas de Ellen G. White 2023

LA VIDA Y EL MINISTERIO DE JESÚS

Pocos  comprenden  el pleno  significado  de  las palabras que Cristo habló cuando,  en la sinagoga  de Nazaret, se anunció  como  el  Ungido. Declaró  que su misión era consolar, bendecir y salvar a los afligidos y pecadores.  Luego,  viendo  que  el  orgullo  y la  incredulidad  dominaban los  corazones  de sus oyentes,  les  recordó que en tiempos  pasados  Dios se había apartado  de su pueblo  escogido por causa  de su incredulidad y rebelión  y se había manifestado  a los  habitantes  de tierras  paganas que no habían  rechazado  la  luz  del  cielo.  La viuda de Sarepta  y Naamán  el siro, habían  vivido de acuerdo  con toda la  luz que tenían,  por lo  cual  se los consideró más justos que el pueblo  escogido de Dios  que se había apartado  de él y había sacrificado sus principios  a las conveniencias  y honores  mundanales.

En Nazaret  Cristo dijo a los judíos  una terrible  verdad  al  declarar que  en medio del  Israel  apóstata  no  había seguridad para  el fiel  mensajero  de Dios. No querían  conocer  su valor ni  apreciaban  sus labores. Mientras  los  dirigentes judíos  profesaban  tener gran  celo  por el  honor de  Dios  y  el bien de Israel,  eran  enemigos  de ambos.  Por  precepto  y ejemplo,  alejaban cada vez más al pueblo  de la obediencia a Dios y lo llevaban  adonde  él no pudiera  ser su defensa  en el día de prueba  (Los hechos de los apóstoles, p.  333).

En Cristo no hay ni judío ni griego,  ni esclavo ni  libre. Todos son atraídos  por su preciosa sangre.  Gálatas  3:28;  Efesios  2: 13.

Cualquiera  que  sea  la  diferencia de  creencia  religiosa,  el  llamamiento  de  la  humanidad  doliente  debe  ser  oído y  contestado.  Donde existe amargura  de sentimiento por causa de la diferencia  de la religión, puede hacerse  mucho  bien mediante  el servicio personal.  El ministerio amante quebrantará  el prejuicio,  y ganará  las almas para Dios.

Debemos  anticipamos a las tristezas,  las  dificultades  y angustias de los demás.  Debemos  participar de los goces y cuidados  tanto de los encumbrados  como  de los humildes,  de los  ricos como  de los pobres. «De gracia recibisteis  -dice Cristo-,  dad de gracia».  Mateo  10:8.  En nuestro derredor  hay pobres almas probadas  que necesitan  palabras  de simpatía  y acciones  serviciales.  Hay  viudas  que necesitan  simpatía  y ayuda.  Hay  huérfanos  a quienes  Cristo  ha encargado  a sus servidores que  los  reciban  como  una custodia  de  Dios.  Demasiado  a menudo  se los  pasa  por  alto  con  negligencia.   Pueden  ser  andrajosos,  toscos,  y aparentemente   sin atractivo  alguno;  pero  son propiedad  de Dios.  Han sido comprados  con precio, y a su vista  son tan preciosos  como  nosotros.  Son miembros  de la gran familia  de Dios, y los cristianos  como mayordomos  suyos,  son responsables  por ellos.  «Sus  almas  -dice-, demandaré  de tu mano»  (Palabras de vida del gran Maestro,  pp.  318, 319).

La religión pura y sin mancha delante  del  Padre es esta:  «Visitar a los huérfanos  y a las viudas  en sus  tribulaciones, y guardarse  sin mancha  de  este  mundo».  Santiago  1:27.  Las  buenas  obras  son  los frutos que Cristo  quiere que produzcamos; palabras  amables,  hechos generosos, de tierna consideración por los pobres, los necesitados, los afligidos. Cuando  los corazones simpatizan con otros corazones  abrumados por el desánimo y el pesar, cuando  la mano se abre en favor de los necesitados, cuando se viste al desnudo, cuando se da la bienvenida al extranjero para que ocupe su lugar en la casa y en el corazón,  los ángeles se acercan,  y un acorde parecido  resuena en los Cielos. Todo acto de justicia, misericordia  y benevolencia produce melodías  en el Cielo.  El Padre  desde su trono observa  a los  que llevan a cabo estos actos de misericordia,  y los  cuenta entre  sus más preciosos  tesoros … Todo acto misericordioso,  realizado en favor de los  necesitados  y los que sufren es considerado  como si se lo hubiera hecho a Jesús. Cuando socorréis al pobre, simpatizáis con el afligido y el oprimido, y cultiváis la amistad del huérfano, entabláis una relación más estrecha con Jesús (Testimonios para la iglesia, t. 2, p.  24).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
1re. Trimestre 2023 «ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR… HASTA QUE ÉL VENGA»
Lección 7: «
«A UNO DE ESTOS MIS HERMANOS PEQUEÑOS «»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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