
LA VIDA EN LA TIERRA NUEVA.
Lee Isaías 35:4 al 10; y 65:21 al 25. ¿Cuán diferente será entonces la vida de la que tenemos en la actualidad?
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Varias veces en el libro de Isaías leemos sobre algo nuevo: “cosas nuevas” (42:9; 48:6), “un nuevo cántico” (42:10), “cosa nueva” (43:19), “un nombre nuevo” (62:2). Lo novedoso en el capítulo 65 es un nuevo orden de cosas. Hay paz y armonía entre todas las criaturas de Dios. Las maldiciones del Pacto para las tierras por la desobediencia y la rebelión (ver Lev. 26:14-17; Deut. 28:30) serán anuladas para siempre, porque el pecado ya no existirá. Habrá abundancia de bendiciones, casas para habitar y comida para disfrutar.
¿Cómo será la vida en un lugar tan hermoso? Algunos se preguntan si podremos reconocer a nuestros amigos y familiares, después de que nuestros cuerpos reciban la inmortalidad y sean completamente restaurados a la imagen de Dios. Después de la resurrección de Cristo, sus discípulos pudieron reconocerlo. María reconoció su voz (Juan 20:11-16). Tomás reconoció la apariencia física de Jesús (Juan 20:27, 28). Los dos discípulos de Emaús reconocieron sus gestos en la mesa (Luc. 24:30, 31, 35). Por consiguiente, si nuestro cuerpo se asemejará al cuerpo resucitado de Jesús, ciertamente podremos reconocernos mutuamente, y podemos vislumbrar una eternidad de relaciones restauradas. Podemos suponer con certeza que continuaremos relacionándonos con aquellos que conocemos y amamos, y que estén allí con nosotros.
“Allí los redimidos conocerán como son conocidos. Los sentimientos de amor y simpatía que Dios mismo implantó en el alma se ejercitarán de la manera más verdadera y más dulce. El trato puro con seres santos, la vida social armoniosa con los ángeles bienaventurados y con los fieles de todas las edades que lavaron sus vestiduras y las emblanquecieron en la sangre del Cordero, los lazos sagrados que unen a ‘toda la familia en los cielos y en la tierra’ (Efe. 3:15), todo eso constituye la felicidad de los redimidos” (CS 656).
- “Por tanto, no desmayamos […]. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Cor. 4:16-18). ¿Cómo podemos, en un mundo que es tan temporal, tan fugaz, aprender a aferrarnos a lo invisible y eterno?
Lección de Escuela Sabática Para Adultos 2018. 4to trimestre 2018
“Unidad en Cristo”
Lección 13: “LA RESTAURACIÓN FINAL DE LA UNIDAD»
