Atodos los que la aceptan, Jesús les da la misma libertad que le dio a la mujer sorprendida en adulterio en Juan 8: 3-11. Esta mujer, cuyo nombre no se menciona, estaba abatida por la vergüenza y la culpa. Sabía que merecía todo el castigo de la ley. Sin embargo, en lugar de dejar que se enfrentara a su merecido castigo, Jesús la levantó y la liberó con las palabras: «Vete y no vuelvas a pecar» (Juan 8: 11). Dejó claro que no la estaba liberando para que hiciera lo que le diera la gana, sino que la estaba liberando del ciclo destructivo del pecado. Solo Jesús puede proporcionar este nivel de libertad, la cual proviene de guardar su ley (Santiago 1: 25).
Por desgracia, no todos están interesados en este tipo de libertad. Jesús pudo liberar a la mujer adúltera porque estaba arrepentida, pero no pudo liberar a los fariseos impenitentes. A los que lo rechazaban, les dijo: «Si no creen que Yo soy [el Hijo de Dios], morirán en sus pecados» (Juan 8: 24). Eran demasiado orgullosos y estaban demasiado centrados en la opresión que sufrían por parte de los romanos como para reconocer su necesidad de ser liberados del pecado. No estaban dispuestos a reconocer esa esclavitud ni a aceptar la liberación de la única Persona que podía ofrecérsela. Llegaron a argumentar: «Nosotros somos descendientes de Abraham, y nunca hemos sido esclavos de nadie; ¿cómo dices tú que seremos libres?» (vers. 33). Esto no podría estar más lejos de la verdad. No solo la historia judía incluye siglos de esclavitud a Roma, Grecia, Persia, Babilonia y Egipto, sino que las cadenas del pecado encadenan a todos los seres humanos. Además, ¡los judíos fueron oprimidos y conquistados por los otros imperios porque habían roto su pacto con Dios! Hasta que su audiencia no se enfrentara a la esclavitud de sus propios corazones pecaminosos, Cristo no podría hacer nada para liberarlos. La gente quería que los liberara de Roma, pero el Salvador no veía ningún valor en liberarlos de un amo terrenal si se contentaban con permanecer en la esclavitud del enemigo mayor que había venido a derrotar.
Como con cualquier libertad, la que Jesús ofrece es una libertad de la que se puede abusar. Muchos cristianos hoy malinterpretan la liberación que encontramos en Cristo y argumentan que no hay leyes ni límites, que son libres de hacer lo que les plazca. No obstante, varios autores del Nuevo Testamento se refirieron a este peligro. Pablo advirtió: «Ustedes, hermanos, han sido llamados a la libertad. Pero no usen esta libertad para dar rienda suelta a sus instintos. Más bien sírvanse los unos a los otros por amor» (Gálatas 5: 13). Pedro advirtió: «Pórtense como personas libres, aunque sin usar su libertad como un pretexto para hacer lo malo. Pórtense más bien como siervos de Dios» (1 Pedro 2: 16). La preocupación de Pedro en este contexto era que los cristianos pudieran hacer un mal uso de su libertad en Cristo como excusa para alimentar el desprecio por la autoridad gubernamental. Nos dice claramente: «Por causa del Señor, sométanse a toda autoridad humana: tanto al emperador, porque ocupa el cargo más alto, como a los gobernantes» (vers. 13-14). La verdadera libertad en Cristo nos capacita para dar «a todos el debido respeto. Amen a los hermanos, reverencien a Dios, respeten al emperador» (vers. 17). Las falsas libertades que permiten la anarquía y la insubordinación son falsificaciones que el Nuevo Testamento no reconoce; y nosotros tampoco deberíamos reconocerlas.
Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:
¿Qué te parece lo que marcaste o subrayaste y relacionaste?
¿Qué preguntas te surgen?
¿Qué partes del pasaje te parecen más difíciles?
¿Qué otros principios y conclusiones puedes identificar?
¿Por qué Dios nos pone restricciones? ¿En qué sentido la verdadera libertad implica someterse a restricciones?
https://www.meditacionesdiarias.com
https://www.facebook.com/meditacionesdiariass/
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Lección de Universitarios 2024
1er Trimestre 2024 «JESÚS Y LA LIBERTAD»
Lección #4: «ENCONTRAR LA VERDADERA LIBERTAD»
Colaboradores: Joaquín Maldonado & Mayra

