«Que Dios Padre y Jesucristo, el Señor, les concedan gracia y paz. Jesucristo, que ha entregado su vida por nuestros pecados y nos ha liberado de esta era infestada de maldad, conforme a lo dispuesto por Dios nuestro Padre, a quien pertenece la gloria por siempre.Amén». Gálatas l: 3-5, LPH

EL PRECIO PAGADO por nuestra redención, el sacrificio infinito que hizo nuestro Padre celestial al entregar a su Hijo para que muriera por nosotros, debería hacer que aumentara nuestra valoración de lo que podemos llegar a ser mediante Cristo. Al considerar el inspirado apóstol Juan «la anchura, la longitud, la profundidad y la altura» (Efe. 3: 18), del amor del Padre hacia la raza que perecía, se llena de alabanzas y reverente admiración […] exhorta al mundo a contemplarlo […] ¡Qué valiosos nos hace esto! Por la transgresión, somos hechos súbditos de Satanás. Por la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo, los hijos de Adán podemos llegar a ser hijos e hijas de Dios. Al revestirse de la naturaleza humana, Cristo eleva a la humanidad. Al vincularse con Cristo, los seres humanos caídos somos colocados donde podemos llegar a ser verdaderamente dignos del título de «hijos de Dios» (1 Juan 3: 1).
Tal amor es incomparable. ¡Que podamos ser hijos del Rey celestial! ¡Sublime promesa! ¡Tema digno de la más profunda meditación! ¡Incomparable amor de Dios para un mundo que no lo amaba! Este pensamiento ejerce un poder subyugador que somete el entendimiento a la voluntad de Dios.
Cuanto más estudiamos el carácter divino a la luz de la cruz, mejor vemos la misericordia, la ternura y el perdón unidos a la equidad y la justicia, y con mayor claridad nos percatamos de las innumerables pruebas de un amor infinito y de una tierna piedad que sobrepasa la profunda compasión que siente una madre hacia su hijo extraviado.— El camino a Cristo, cap. 1, pp. 21-23.
Cristo aguarda para adoptarnos en su familia. Su poder suplirá nuestra flaqueza; él nos guiará paso a paso.— EL ministerio de curación, cap. 5, p. 47.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
