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Al captar las distinciones que Jesús hizo en Mateo 22: 18-21 junto con el comentario inspirado de Romanos 13: 1-10, podemos ver el muro que Jesús estableció y que separa la Iglesia del Estado. Al gobierno se le permite usar instrumentos de fuerza para proteger las relaciones entre vecinos, garantizar los derechos individuales, suprimir el mal y mantener el orden: «Porque está al servicio de Dios para tu bien. Pero si te portas mal, entonces sí debes tener miedo; porque no en vano la autoridad lleva la espada, ya que está al servicio de Dios para dar su merecido al que hace lo malo» (Romanos 13: 4). Sin embargo, mientras que la espada es una herramienta legítima para el Estado, Jesús declaró las armas de fuerza fuera de los límites de la Iglesia del Nuevo Testamento: «Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí» (Juan 18: 36). Para Jesús, la clara diferencia entre los métodos que utiliza la Iglesia para cumplir su misión y los que utiliza el Estado debería ser un indicador obvio de dónde está la línea divisoria que separa a la Iglesia del Estado.
Como hemos comentado en las lecciones 1 y 3, Jesús estableció a la Iglesia para fortalecer nuestra relación con Dios sin someternos a la fuerza ni a la coacción. Como ejemplo para todos los líderes de la Iglesia, Jesús siempre respetó los límites que estableció para separar la Iglesia del Estado. Fue amable y apacible, y nunca empleó la intimidación ni la violencia. Se resistió firmemente a todos los intentos de convertir su función y sus objetivos en civiles en lugar de espirituales.
La separación entre la Iglesia y el Estado revela la misericordia, la bondad y la sabiduría de Jesús. Esta doctrina era muy ajena a los fundadores de otras religiones, evidenciada en sus ambiciones de fusionar completamente gobierno y religión. Las oscuras y siniestras historias de los siglos en los que se unieron la Iglesia y el Estado muestran el terrible error de la Iglesia cristiana al apartarse de esta enseñanza mesiánica y de la doctrina apostólica. Cuando la Reforma Protestante redescubrió la Biblia, el evangelio y al Salvador, no es de extrañar que restablecieran una separación de las dos esferas basada en las enseñanzas de Cristo.
Al continuar la labor de quienes nos han precedido, nuestra misión incluye tanto la proclamación de la verdad como la defensa de la libertad religiosa. Elena G. de White lo expresó de esta manera:
«El estandarte de la verdad y de la libertad religiosa sostenido en alto por los fundadores de la iglesia evangélica y por los testigos de Dios durante los siglos que desde entonces han pasado, ha sido, para este último conflicto, confiado a nuestras manos. La responsabilidad de este gran don descansa sobre aquellos a quienes Dios ha bendecido con un conocimiento de su Palabra. Hemos de recibir esta Palabra como autoridad suprema. Demos reconocer los gobiernos humanos como instituciones ordenadas por Dios mismo, y enseñar la obediencia a ellos como un deber sagrado, dentro de su legítima esfera. Pero cuando sus demandas estén en pugna con las de Dios, debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. La Palabra de Dios debe ser reconocida sobre toda legislación humana» (Los hechos de los apóstoles, cap. 6, pp. 52-53).
Nuestra herencia espiritual incluye el deber de comprender y promover adecuadamente el mensaje de la libertad religiosa.
Medita nuevamente en el pasaje principal y busca a Jesús ahí.
- ¿Cómo honró Jesús la libertad de conciencia de las personas?
- ¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
- Para meditar y orar: ¿Cómo respondes al ver a Jesús de esta manera?
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Lección de Universitarios 2024
1er Trimestre 2024 «JESÚS Y LA LIBERTAD»
Lección #5: «SEPARAR LA IGLESIA DEL ESTADO»
Colaboradores: Joaquín Maldonado & Mayra

