«Como bien saben, ustedes fueron rescatados; de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas Perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto. Cristo, a quien Dios escogió antes de la creación del mundo, se ha manifestado en estos últimos tiempos en beneficio de ustedes. Por medio de él ustedes creen en Dios, que lo resucitó y glorificó, de modo que su fe y su esperanza están Puestas en Dios». I Pedro l: 18-21, NVI
NO ES SUFICIENTE QUE ACEPTEMOS a Cristo. Debemos seguirlo a dondequiera él nos conduzca. Su gracia es suficiente. Sufrió por nosotros y nos dejó ejemplo, para que sigamos por el camino por el cual él nos quiere conducir. El presente es nuestro tiempo de prueba. La experiencia que necesitamos para ganar la corona de la vida nos llevará a crucificar el yo mucho más de lo que habíamos imaginado.
¿Cuál es el mensaje del apóstol Pablo a todo aquel que invoca el nombre de Cristo? «Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar» (Heb. 12: 1-3).
Cristo era el Señor del cielo y de la tierra, y a pesar de ello se hizo pobre para que a través de su pobreza pudiéramos ser enriquecidos. Era «igual a Dios»; no obstante «se humilló a sí mismo» y «tomó la forma de siervo» (Fil 2: 6, 8, 7) a fin de poder salvamos. Dio su vida por nuestra redención. ¿Aceptaremos el sacrificio? El unigénito Hijo de Dios fue contado entre los transgresores a fin de que los seres humanos no perecieran sino que tuvieran vida eterna. La vida eterna será la herencia de ellos si consienten en humillar sus orgullosos corazones y participar de los sufrimientos de Cristo. Él soportó pacientemente la vergüenza, la burla y el desprecio para poder salvar a todos los pecadores que se aferren de él con una fe viva.
Mientras pendía de la cruz, dando su vida por nuestra redención, sus asesinos se burlaban, diciéndole: «A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar. Si es el rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él» (Mat. 27: 42). Él podría haber descendido de la cruz; podría haber rechazado morir por nosotros, pero estaba sufriendo para que el mundo, a través de él, pudiera ser redimido del poder de Satanás. Mediante su muerte todos los que creen en él pueden tener vida eterna.
La salvación de los seres humanos significa mucho más de lo que la mayoría supone. Significa que hemos de elegir el camino de Dios antes que el nuestro. El Señor no puede salvarnos si rehusamos humillamos ante los reproches y advertencias que nos envía, intentando que prevalezca nuestra propia voluntad y siguiendo nuestro propio camino.— Carta 133, 30 de abril de 1905, dirigida a J. Edson White.
#MatinalVespertino
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Devocional Vespertino Para 2019.
“Alza Tus Ojos”
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Lisseth Orduz & Michelle Ramírez
