“[Jesús] no necesitaba que nadie le dijera nada acerca de la gente, pues él mismo conocía el corazón del hombre” (Juan 2:25).
“Aún no somos lo que seremos, pero estamos creciendo hacia él. Todavía no brillamos en gloria, pero todo se está purificando”. Lutero
Muchos historiadores, teólogos y biblistas han insistido en presentar a Jesús como un revolucionario político de su tiempo. Para ello se basaron en pasajes como la purificación del Templo (ver Juan 2:13-22).
- Si eres líder de iglesia, ¿cómo percibes a las personas que son críticas con ella?
- ¿Interpretas sus comentarios como ataques violentos contra la iglesia?
- ¿Abres tu mente para pensar que puede ser el amor lo que los mueve; el celo que los consume por la causa del evangelio (ver Juan 2:17)?
- ¿Actúas contra ellos, para perder de vista a esas personas molestas? ¿O les muestras amor?
Observando la figura de Jesús a la luz de los Evangelios en su conjunto, parece evidente que no fue un revolucionario político, sino un revolucionario de los corazones a través del poder de la convicción. Su vida, su ministerio y sus palabras señalan a su deseo de que tengamos un mayor nivel de consciencia de quiénes somos, quién es Dios, para qué y por qué estamos aquí y, en función de estas convicciones profundas, vivamos una vida que dé testimonio del Padre.
Dos mil años después, cuánta falta nos sigue haciendo experimentar una revolución profunda del corazón. No se trata de posicionarnos políticamente ni de polarizarnos respecto a enfoques de liderazgo en la iglesia; se sigue tratando de tener ese conocimiento íntimo de Jesús que cambie la esencia de lo que somos, nos libere de ideas preconcebidas y nos lleve a albergar convicciones que nos permitan “amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente […] y a tu prójimo como a ti mismo” (Mat. 22:37-39). Por cierto, palabras de Jesús.
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Lecturas Devocionales para Damas 2024
“VIRTUOSA” Ante todo, cristiana
Por: Mónica Díaz
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Adriana Jiménez
