Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así yo reconoceré a mis ovejas y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.
_Ezequiel 34: 12_

Los medios de comunicación transformaron completamente nuestro mundo. Hoy, cuando la nostalgia toca nuestro corazón, escribimos una carta a la persona amada o tomamos el teléfono y oímos su voz y hasta su respiración. Pero muy pronto tendremos el teléfono con imagen, y, si esperamos un poco más, no podremos ni siquiera imaginar lo que la ciencia será capaz de inventar.
Pero en los tiempos en que el versículo de hoy fue escrito no existía nada de eso. El Ejército enemigo había llevado cautivo al pueblo de Dios y lo había esparcido por los cuatro puntos cardinales de su territorio. Los amigos y familiares morían de nostalgia, pues no tenían la mínima esperanza de volver a verse. En esas circunstancias, Dios prometió a su pueblo: «Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré yo a mis ovejas y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad».
Esta promesa tuvo un cumplimiento parcial cuando Israel regresó del exilio, pero nunca se cumplió como Dios había deseado que se cumpliese, pues todas las promesas divinas, era una profecía condicional e Israel no cumplió su parte. «A lo suyo vino, pero los suyos no lo recibieron», dice Juan (1: 11). En consecuencia, cuando los judíos rechazaron abiertamente al Mesías, el reino político y terrenal de la nación de Israel dejó de ser el centro del reino espiritual de Dios.
Aunque la promesa de la «gran reunión» no tuvo un cumplimiento completo en Israel, ella continúa en pie, y en nuestros días se está teniendo un cumplimento parcial al tratar el Señor Jesús de reunir a sus hijos sinceros que están esparcidos por los cuatro puntos de la Tierra. El está tratando de reunirnos en su iglesia, y usa para esta gran reunión el pasaje de Apocalipsis 14: 6 – 12: el Evangelio eterno que presenta la salvación por la fe en Cristo, la eternidad de su ley (incluyendo el sábado) y la advertencia a los hombres para salir de la Babilonia espiritual y unirse a la iglesia del Cordero.
Finalmente, cuando Cristo regrese, la promesa tendrá su cumplimiento final y completo. Seremos un sólo pueblo -proveniente de todos los países, todas las razas y todas las lenguas-, unidos y rescatados por Jesús.
Dios está convocando para ti esa gran reunión. La convocación es hecha en «el día nublado y de la oscuridad». Es hecha en nuestros días. Las tinieblas morales están cubriendo el mundo. Las tinieblas espirituales reinan casi absolutas. La luz parece cada vez más opaca.
Jesús te está extendiendo hoy la invitación. Es tu gran oportunidad. ¡No la rechaces!
_Por Alejandro Bullón_