«No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacer algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca»
Hebreos 10:25.
Por largo tiempo, los pensadores seculares sostuvieron que la religión era innecesaria. También promulgaron que el ser humano, por sí mismo, podía dirigir su propio destino y el de los pueblos, conduciendo a todos a una existencia superior y creando así un mundo cada vez mejor, sin necesidad de Dios o de una creencia en él. Hoy, eso ha cambiado, y miembros de la comunidad científico ya no comparten la idea de que la ciencia se opone a la religión.
Actualmente, muchos científicos afirman que la creencia en Dios y la práctica de la religión son propias del comportamiento humano, que tiene una dimensión espiritual. Afirman además que la espiritualidad tiene un componente fisiológico, es decir, que su sede, el lugar donde se produce, es el cerebro.
Mucho antes de estos descubrimientos, Elena G. de White escribió que <<el cerebro es la capital del cuerpo, el asiento de todas las fuerzas nerviosas y de la acción mental»(Testimonios para la iglesia t. 3, pág. 79); y que «los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima» (ibid., t. 2, pág. 312). Practicar una religión equilibrada y tener una fe sincera basada en el amor, en los principios bíblicos, en la justicia y en la libertad de conciencia, es crucial para la satisfacción de las necesidades humanas.
Estudios realizados en el Centro Médico de la Universidad Duke, en Estados Unidos, revelaron que las personas que van a la iglesia una vez por semana tienen menor tendencia a ser hospitalizadas y, cuando lo son, permanecen menos tiempo encamadas que quienes no asisten a la iglesia de manera regular. Los efectos positivos que la práctica de la religión tiene sobre la salud se deben, entre otros factores, al estilo de vida de quienes asisten a una iglesia (no tomar alcohol, comer sano, no fumar, tener buenas conexiones sociales).
Actualmente, la ciencia, en especial la neurología, ha reconocido la legitimidad de la experiencia religiosa. La creencia religiosa ya no es vista como el fruto de la imaginación, sino como un proceso neurológico específico del ser humano. Por médio de ella, la mente se pone en contacto con la dimensión celestial.
Es mi deseo que, a pesar del escepticismo y la incredulidad que aún existen respecto al Dios Creador y Redentor, puedas confiar cada vez más en que los profundos designios del Señor se cumplirán en tu vida.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
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