«Que conozcan ese amor, que excede a todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios».
Efesios 3: 19, RVC
Dios invita a aquellos que conocen su voluntad a ser hacedores de su palabra. La debilidad, la tibieza y la indecisión provocan los asaltos de Satanás; y los que permiten el desarrollo de estos defectos serán arrastrados, impotentes, por las violentas olas de la tentación.
Debemos aprovechar diligentemente todo medio de gracia para que el amor de Dios abunde más y más en el alma, «así podrán discernir lo que es mejor y ser puros e irreprochables para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia» (Fil. l: IO, 11, NVI). Nuestra vida cristiana debe asumir formas vigorosas y robustas. Podemos alcanzar la alta norma que se nos presenta en las Escrituras, y debemos hacerlo si queremos ser hijos de Dios. No podemos permanecer quietos; hemos de avanzar o retroceder. Debemos tener conocimiento espiritual, a fin de poder «comprender, junto con todos los creyentes, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo», para que seamos «llenos de la plenitud de Dios» Efe. 3: 18, 19, NVI.
¿Queremos tener un crecimiento cristiano raquítico o queremos progresar saludablemente en la vida divina? Donde hay salud espiritual hay crecimiento. El hijo de Dios crece hasta la plena estatura de un hombre o una mujer en Cristo. No hay límite para su mejoramiento.
Tenemos grandes victorias que ganar, o el cielo que perder. El corazón carnal debe ser crucificado; porque tiende hacia la corrupción moral, y el fin de ella es la muerte. Nada que no sea la influencia vivificadora del evangelio puede ayudar al alma. Oremos para que las poderosas energías del Espíritu Santo, con todo su poder vivificador, recuperador y transformador, caigan como un choque eléctrico sobre el alma paralizada, haciendo pulsar cada nervio con nueva vida, restaurando todo el ser, de su condición muerta, terrenal y sensual a la sanidad espiritual. Así llegaremos a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que reina en el mundo por la concupiscencia; y en nuestras almas se reflejará la imagen de Aquel por cuyas heridas somos sanados.— Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 244-248.
CRECIENDO EN LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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